Se me hizo tarde. Pero eso no es pretexto para mantener guardada la carta hasta el próximo año. Por ello, he decidido hacerla pública con la esperanza de que, por el bien de la sociedad, ellos me complazcan. Al fin y al cabo, lo importante es la perseverancia.
Lo primero, les pido que por favor le hagan saber a algunos políticos, de todos los partidos, que la arrogancia nunca será buena compañera.
Lo segundo, me gustaría que les recordaran a varios políticos y empresarios, incluyendo a algunos de la llamada sociedad civil, que lo mejor que puede tener un ser humano, a parte de su dignidad, es la modestia y la sencillez del hombre honrado.
Lo tercero, les pido que les traigan a algunos funcionarios el manual de buenos modales que siempre utiliza quien los nombra.
Lo cuarto, desesperadamente, sugiero que a la gran mayoría les regalen libros, muchos libros, para que aprendan de una vez y por todas que los libros no muerden.
Lo quinto, por ser un año preelectoral, ojalá que declaraciones alarmistas por parte de opositores, no saturen las primeras páginas ya que, con esas barrabasadas casi siempre se termina haciéndole daño al país y no al gobernante de turno.
Lo sexto, háganles saber a los chismosos, a los amantes de conductas sospechosas, y a los que suelen gozar golpeando con palabras irrespetuosas, que la sabiduría sólo la alcanzaremos a través de la prudencia, puesto que la insensatez y la vulgaridad siempre nos conducirán a ser rechazables.
Lo séptimo, notifíquenles a todos los que maltratan de modo salvaje y sin contemplación a los niños, a las mujeres y a los ancianos que ellos nunca llegarán al reino de los cielos, porque sí que hay que ser abusadores para golpear de manera inmisericorde a estas personas inocentes.
Y, lo octavo, tráiganles al Gobierno el mensaje de que está obligado a continuar mejorando el crecimiento económico y manteniendo bajo control la inflación, para que las agencias evaluadoras sigan calificando al país como nación de estabilidad en medio de la crisis mundial.

