La Federación para la Paz Universal, con sede en Corea, por mediación a la Fundación por la Paz de Azua, dirigida por el ciudadano José Luis Ramírez, representada en el país por los señores licenciado Cesar Regalado y Taxi Ticomo, otorgó el galardón como embajador de la paz a quien esto escribe, Gran Comisionado del Consejo Dominicano de Derechos Humanos (CODEH). Como no practico la cizaña de la hipocresía, acepté conmovido esta distinción.
Con la humildad y sencillez con que siempre hemos vivido, sin vanaglorias, pedanterías ni riquezas materiales, arrogancia ni ostentación, no ocultamos la alegría, emociones y satisfacciones experimentadas, en todas las latitudes del alma y las palpitaciones del corazón.
Desde hace 48 años, venimos luchando por la paz, los derechos humanos, la justicia, teniendo que soportar con estoicismo algunas sinrazones, pero manteniendo la verdad, la fe en Cristo Jesús, en mis queridísimos familiares, ciertos amigos y amigas, sin tener que bajar el rostro por calles y avenidas.
No me arrepiento de haber vivido trabajando, venciendo nubarrones, cruzando ríos, arroyos, calles, caminos, laborando agricultura, en la sección los mineros, lugar que amo con delirio, pues allí cruce la barca, conocí la fragua con el despertar de los caos y cuervos que merodeaban la casa de mamá, con sus cantos y chirridos enternecidos, hasta que vine a continuar mis estudios en casa de mi tía, la profesora doña Luz, en San Cristóbal.
Quiero transmitir mi perenne agradecimiento a los destacados integrantes de la Federación para la Paz Universal en corea, así a los representantes en la Republica Dominicana, distinguidos licenciado Cesar Regalado y Taxi Ticomo y al destacado joven Azuano José Luis Ramírez.
Acepto el premio de Embajador por la Paz, como un reconocimiento a mis esfuerzos por este sagrado postulado, reiterando a la Federación Universal, símbolo de paz, y fraternidad, que no olvidare esta fina y enorme distinción ni tampoco les defraudaré.
Evoco lo siguiente: Talvez he pasado por la vida incomprendido. Talvez he pasado como un hada, pero en este mundo, un poco he reído y llorado mucho, inmerso en los multicolores vergeles de mi pueblo adorado que tanto he luchado y continuaré.
Si yo he vivido mi vida de soñador, talvez faltando a una ley social, siempre en el fondo de mi alma he sido bueno, y por eso no me siento un animal.
San Agustín escribió: La paz es estar bien que no se puede desear otro mejor ni poseer uno más útil. La paz del alma es la mayor riqueza, decía Campoamor. El primero de los bienes, después de la salud, es la paz. Que en San Cristóbal ojalá podamos crear la Universidad Juan Pablo Duarte, pues tenemos muchos ciudadanos capaces de convertir este sueño en realidad.
