Para esta época cada año es común ver en los medios de comunicación propaganda de fundaciones y otras organizaciones de las encasilladas como no gubernamentales, en busca de mayor asignación presupuestal.
Pocas veces, sin embargo, pueden esas entidades mostrar una hoja de servicio que justifique la millonada que reciben del fondo común.
Y entiendo perfectamente esa situación sin justificarla, porque lo cierto es que muchísimas de esas organizaciones han sido creadas no para servir aunque alegan vocación de servicio, sino para facilitar el acceso de algunos a fondos del Presupuesto.
De ahí que, por lo general, los grandes beneficiarios de esas organizaciones han sido sus dueños o fundadores, que poco tiempo después de dedicarse dizque al servicio de los demás ya viven como reyes.
La excepción a esa regla la encontré hace poco en Villas Agrícolas, sector que debe sentirse orgulloso por tener una organización comunitaria con una hoja de servicio de seis años que no pueden igualar otras con 20 años o más de existencia.
Se trata de la Fundación Ramón Bueno, una iniciativa que en el 2002 tomó el nombre de su fundador, y que en su todavía corto tiempo de existencia se ha convertido en el paño de lágrima de los habitantes de ese sector y de barriadas vecinas.
Los más pobres de Villas Agrícolas, Villa Juana, Capotillo, Simón Bolívar, Espaillat y Luperón han visto aliviarse algunas de sus penurias luego de que comenzó a operar la iniciativa comunitaria del joven Ramón Bueno.
Bueno articuló un grupito que de las colectas ocasionales para afrontar una emergencia en una familia de escasos recursos, devino en una fundación que diversificó sus servicios a la comunidad.
Pero centró su accionar comunitario en el aspecto salud, mediante la asistencia gratuita por parte de un equipo que incluye seis médicos, dos enfermeras y un paramédico, todos jóvenes de la barriada que lograron completar sus estudios universitarios.
Para esos fines instaló un dispensario en la calle Juan Erazo esquina Pedro Livio Cedeño, que funciona como unidad de atención primaria.
Claro, a diferencia de los pacientes de los hospitales públicos, que salen por lo general con recetas de medicamentos que las más de las veces no pueden comprar, los beneficiarios de los programas de asistencia de la Fundación Ramón Bueno salen de la consulta con los medicamentos que necesitan para recuperar la salud.
Sus servicios se extienden a personas que padecen de tuberculosis, a quienes se les administra su tratamiento, y a otros con Sida, que reciben asistencia en atención primaria.
Sin embargo, los jóvenes que dirigen la entidad comunitaria no se conforman con los servicios que han podido articular para beneficio de las indicadas barriadas, sino que procuran ensanchar su oferta de asistencia.
Su estrategia de asistencia en salud para los próximos dos años incluye la duplicación de su personal en esa área para ejecutar un programa de prevención de drogas, con la intención de reducir la cantidad de jóvenes que cae en ese vicio.
Imagino que el lector se estará preguntanto cuánto dinero recibe la Fundación Ramón Bueno del Presupuesto General de la Nación.
Y la respuesta es: Nada.
Los fondos para llevar a cabo sus programas de asistencia provienen de la donación de una parte de su salario por parte del joven diputado Ramón Bueno, y otras cuotas que aportan comerciantes, empresarios y personas caritativas de la barriada.
O sea, hablamos de una entidad que nació para servir a la comunidad y no para servirse. Un ejemplo digno de ser imitado.
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