Posiblemente el presidente Leonel Fernández anhele la brecha para otra repostulación, reformando la Constitución de su autoría y que promulgó hace menos de un año, pero hay una serie de acontecimientos que contrarían esos propósitos, si es que los tiene.
Los partidos aliados al PLD, agrupados en el Frente Progresista, muestran insatisfacción con la cuota de poder recibida, sin que el presidente ofrezca atención, en una forma de decir: El que se quiera ir que se vaya. ¡Y Peña Guaba ya se fue!
A Fernández tampoco le importó cancelar a compañeros que se encontraban al frente de las distribuidoras de electricidad, para designar a técnicos extranjeros, lo que no se concibe en término político. De igual forma, los dirigentes de base del PLD, que cobraban a través de las nominillas, no ven a linda desde que pasaron las elecciones de medio término.
Tampoco parece importarle el disgusto mostrado por segmentos empresariales, banqueros y hasta la cúpula de la Iglesia Católica, poderes fácticos que siempre constituyeron un soporte en sus aspiraciones. ¿Puede aspirar a un nuevo período un hombre que está restando adhesiones?
No sé si pensando en lo inmediato o en el futuro, el presidente Fernández procura limpiar la imagen de gobierno corrupto que las encuestas atribuyen a su gestión. Para tales fines, destituyó a algunos funcionarios que la gente acusa de peculado, entre los que se hallan Rodríguez Pimentel y Peña Guaba. Dejó que el travieso Félix Bautista se convierta en senador.
Hay quienes aseguran que optará por la reelección y posiblemente deseos no le faltan, pero los acontecimientos descritos me hacen pensar que no iría en esta oportunidad. De hacer lo contrario, tendría que recomponer el Frente Progresista, dándole una buena teta a cada partidito, pagar las nominillas y satisfacer las demandas de empresarios, banqueros y líderes eclesiásticos.

