Miles de personas aprovecharon el asueto de Semana Santa y las altas temperaturas para disfrutar de las bondades de las playas, mientras otros decidieron quedarse en las ciudades y sustituir los balnearios naturales por las piscinas artificiales que eran notorias en los barrios populares. El éxodo al interior fue menor que en otros años y quizás eso contribuyó a una significativa reducción de los accidentes de tránsito.

