Frecuentemente escucho a funcionarios del gobierno y periodistas que escriben por encargo, calificar de frustrados y amargados a todos aquellos que condenan la corrupción administrativa y abogan por el imperio de la decencia en el desenvolvimiento de los asuntos del Estado.
Para ellos, todo el que no tiene fortuna económica es un resentido, aunque se trate de personas honorables, como si el dinero, incluyendo el mal habido, es lo único que garantiza estabilidad emocional y felicidad. Con dinero se puede comprar todo, menos la felicidad, que es mucho más barata y mucho más cara a la vez, dice Noel Clarasó.
Nunca como hoy la República Dominicana había tenido un equipo gobernante tan perverso. Salvo contadas excepciones, muestran afán insaciable de dinero, desfalcando organismos estatales. Algunos llegan al extremo de nutrirse también del narcotráfico y las bandas delincuenciales que operan en las grandes ciudades del país.
Desde que el PLD retornó al poder, en el 2004, la sociedad dominicana se ha convertido en un infierno, debido a la delincuencia reinante. Algunos hablan de la infiltración del narcotráfico en el Estado, pero me inclino más por lo inverso: funcionarios públicos vinculados a esa criminal actividad.
Con dinero del Estado y del bajo mundo han formado una poderosa estructura política nacional, que les ha permitido controlar los tradicionales poderes públicos. Y en ese afán desmedido también designan a su gente en los poderes creados recientemente.
El PLD controla de forma absoluta todos los poderes del Estado. Dice Lord Acton: El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Es como si se tratara de una epidemia que va enfermando a los diversos estamentos de la sociedad dominicana.
No es casual que haya tantos comunicadores defendiendo lo indefendible. Se trata de plumíferos y comentaristas pagados con los dineros del pueblo, a los que a diario se les encomienda difamar e injuriar a políticos opositores y personas honorables. Pretenden invertir los valores, pero estaremos dando la pelea.

