La presentación de la V Gala de Ganadores del Concurso Internacional de Piano 2010 fue una experiencia tan intensa que, de operar la sensibilidad como debió haber sido, el público debió haber salido del Teatro Nacional con los dedos cansados. Cansados quien sabe si de aplaudir o por acompañar en los pasillos de la imaginación participante, cada uno de los movimientos sobre el teclado blanquinegro por parte de estos tres virtuosos jóvenes provenientes, no casualmente, de tres países en los cuales la educación y el desarrollo del talento musical es prioridad nacional: Corea del Sur, Japón y China.
Los intérpretes, cada uno con una personalidad musical definida y fascinantemente virtuosa, hicieron de la noche una experiencia difícilmente olvidable, llevaron a la gente a aplaudir una y otra y otra y otra vez, sobre todo a los ganadores de la Medalla de Oro, el japonés no vidente Nobuyuki tsujii y el jovencito chino Haochen Zhang, sin dejar de lado la admirable y distendida destreza con que conquistó el aliento del público la surcoreana Yeul Eum Son, a quien correspondió iniciar la velada pianística, en una de las mejores entregas que ha tenido en el país el Concurso Internacional de la Fundación VanCliburn, organizada en el país por Fundación Sinfonía y con el auspicio del Grupo León Jimenes y el Ministerio de Cultura.
La Sucoreana mostró un dominio pleno del instrumento en la interpretación de Rapsodia en Azul, una pieza clásica de sabor popular por su uso en películas.
Tsujii, encantó a la platea que se cautivó por la aparente vulnerabilidad que de desprendía de sus movimientos y acomodación en la banqueta de pianista. Cuando comenzó a tocar, fue su fuerza, su capacidad para memorizar las complicadas vueltas sonoras del Concierto No.1 de Frederick Chopin, para Piano y Orquesta, lo que se expresó en los aplausos atronadores que lo hicieron salir tres veces. Con Zhang, de China, se llegó al paroxismo. Una digitación intensa, hilvanada con preciso sentido del color del sonido. Increible.

