Opinión

Vendiendo ilusiones

Vendiendo ilusiones

Los integrantes de la “clase política” se han graduado Summa Cum Laude en la carrera de la mentira. La demagogia es uno de los recursos que más usa; decir lo que la gente quiere escuchar atrae multitudes, como abejas al panal, y ellos lo saben.

Vender ilusiones a los depauperados les permite construir escaleras para alcanzar el Palacio Nacional y el control de las arcas públicas.

Durante las campañas electorales, acompañan su verborrea de abundantes dádivas para asegurar el éxito; con ello retuercen la voluntad de los pobres. Han entronizado en una franja de la sociedad, la cultura de “progresar” sin trabajar ni estudiar.

El desaliento embarga a mujeres y hombres laboriosos. Frente a esa realidad, doblar el lomo para ganarse el pan se ha convertido en una “alergia” para muchos. Otros califican de torpeza no hacerse rico al pasar por una dependencia del estado.

De esa práctica gansteril hacen gala las cúpulas de la partidocracia y su entorno. Cuando pasan por la administración pública se montan en el brioso caballo de Atila. Y para no dar tregua, imponen la reelección y el continuismo. 

Se desempeñan con autoritarismo, manipulan las mentes de los más débiles, niegan sus derechos y se prosternan ante el imperio que le amamanta. Depredan el erario y reparten cuanto pueden entre sus allegados. 

Ahora se aposentan para llegar a pactos políticos, garantizar e imponer sus falsos liderazgos, la impunidad, su sistema político, modificar la Constitución a su antojo y ratificar el Concordato para emular a Trujillo.

Vendiendo ilusiones se alternan una y otra vez en el Gobierno. Sólo cambian cortinas y alfombras de los despachos oficiales, no así el manual para saquear lo que es de todos. Propician el estatus quo.Alientan el mal.

El Nacional

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