Como cabía suponer, una eventual ausencia del poder del presidente Hugo Chávez ha generado la más variada gama de interrogantes en la región. Y es que su presencia ha sido tan marcada que su desaparición no sólo influiría en el espinoso tablero político, sino en el cuadro económico. Sin el balón de oxígeno que representa el petróleo de Venezuela algunos gobernantes de la zona tendrían grandes dificultades para lidiar con la gobernabilidad.
En el caso de República Dominicana, que ha tenido en Petrocaribe una tabla de salvación, las interrogantes son más abrumadoras, con efectos más específicos. Por ejemplo, la deuda a través del programa por el cual Venezuela financia la factura petrolera ascendía a noviembre de 2012 a unos 3,030 millones de dólares, la más elevada en términos bilaterales. Pero además habría que ver si el convenio, concebido por Chávez como un gesto solidario, se mantendría en los mismos términos. Los eventuales sucesores del proceso venezolano dirán que no habrá problemas, que todo seguirá igual, pero se trata de una realidad que está por ver.
En la misma Venezuela hay mucha incertidumbre tanto sobre el relevo como sobre la suerte de una revolución muy marcada por la figura de Chávez. Y por más optimista que se quiera ser, sólo el hecho de que tuviera que someterse a una cuarta operación del cáncer que padece sugiere que por lo menos se debe estar preparado ante un desenlace doloroso el día menos pensado. De hecho, el propio heredero y presidente en funciones, Nicolás Maduro, ha declarado que el carismático gobernante enfrenta un proceso postoperatorio complejo y delicado. ¿Hace falta más?
Funcionarios dominicanos han admitido que Petrocaribe, que permite saldar parte del financiamiento con productos agrícolas, ha sido la tabla de salvación de la economía. Y, en honor a la verdad, todavía no se han producido esos cambios estructurales que despejen cualquier preocupación ante una eventual interrupción del acuerdo. Podría alegarse que lo de Venezuela es un proceso del cual Chávez no es más que su figura más prominente. Pero no deja de ser una incógnita, sin que tampoco se ignore el papel que jugarían potencias como Estados Unidos para tratar de reorientar el curso de Venezuela.
De hecho, ya Washington ha enviado su primera señal concreta al advertir que en caso de que Chávez no pueda juramentarse se dé en Venezuela una transición consistente con la Constitución, con elecciones transparentes, libres e imparciales. Porque hasta en los más rincones del planeta palpita la interrogante de lo que sería una Venezuela sin el hombre que la ha capitaneado en esta fase, que la puso en el mapa, no como potencia petrolera, sino por su protagonismo político.

