Acción Empresarial para la Educación (Educa) ha dibujado un panorama sombrío sobre el sistema educativo, al señalar que solo el 12% de los niños de tercer grado de la escuela primaria leen con fluidez o comprenden lo que estudian y apenas el 4.1% de los alumnos del sexto curso logran un nivel mínimo en matemáticas.
Las estadísticas ofrecidas por el presidente de esa entidad, Samuel Conde, contrastan con otras ofrecidas por él, según las cuales desde la puesta en vigencia de la ley del 4% para la educación, el Gobierno ha invertido en el sector 18 mil 500 millones de dólares, equivalentes a unos 500 millones de pesos diarios.
De los 54 mil aspirantes a ingresar como maestros en las escuelas públicas, apenas once mil calificaron en las evaluaciones, lo que habla muy mal de la calidad docente, pese a que el salario promedio a esos servidores es un 53% superior al percibido por otros profesionales universitarios.
La crisis en la educación básica no puede atribuirse ahora a falta de recursos ni vincularse con el tema salarial, ni con oportunidades de superación académica, toda vez que el Gobierno ha facilitado unas 20 mil becas universitarias y aun así el país no supera pruebas de medición de calidad docente aplicadas en América Latina.
Educa ha sugerido una revisión al modelo de jornada escolar extendida a los fines de evitar que los estudiantes aprendan lo mismo en doble tiempo y para adecuar ese sistema a los paradigmas de la educación del siglo XXI basados en las competencias, razonamiento crítico, habilidades de educación y control de las emociones.
Los directivos de Educa, quienes participaron como invitados en el almuerzo semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, llamaron la atención sobre la necesidad de inyectar al sistema educativo programas que incluyan el uso de tecnologías para poder producir el salto cualitativo que requiere la escuela dominicana.
Gobierno, clase política, academia, iglesias y sociedad civil deberían alinear sus respectivos discursos con los valiosos planteamientos que ha hecho Educa, de impulsar una educación basada en calidad, competencia, tecnología, valores e innovación.
Duele mucho que, literalmente, se tire por el retrete una inversión superior a los 18 mil 500 millones de dólares, mientras el destino de la educación básica depende de un irresponsable llamado a huelga o de insensatas presiones para fomentar la mediocridad docente.

