El drama se verifica en cualquier punto de la ciudad a cualquier hora de la noche. Una anciana en silla de ruedas es movilizada por un hombre entre vehículos en las intersecciones más concurridas para pedir limosnas a los conductores.
El sábado, a eso de las 12:00 de la medianoche, en la Abraham Lincoln con 27 de Febrero la señora era llevada a toda carrera de esquina a esquina aprovechando la luz roja del semáforo para acercarse a los automovilistas, sin reparar en riesgos, para implorarles ayuda.
El espectáculo es deprimente y expone las deplorables condiciones de vida de enfermos y ancianos cuyos familiares carecen de voluntad para protegerlos.
Alguna entidad pública debe ocuparse de esos ancianos, quienes además de arriesgar sus vidas pueden provocar accidentes involuntarios. Cualquier conductor puede atropellarlos, porque, para colmo, los pedigüeños con sus “guías” suelen aparecerse como si salieran de las sombras. Los casos son también un problema de seguridad.

