La violencia intrafamiliar y la violencia hacia la mujer o violencia de género, como igual se le conoce, tiene a muchos países de cabeza: México, Nicaragua, España, El salvador, Colombia, y la República Dominicana, citando unos ejemplos.
Seguramente que en cada uno de estos países hay estadísticas que dejan entendido que los programas para atacar este cáncer social no han estado a la altura del problema aunque hayan invertido sustanciales recursos públicos o privados, e incluso apoyo y la asesoría internacionales especializadas en describir y gestionar propuestas para el avance de la mujer, y así combatir esta calamidad.
Todos estos gobiernos, uno más, otros menos, con el fin de obtener respuesta que indiquen reducción de las estadísticas sobre violencia de género, se han focalizado en el empleo de recursos para el personal de apoyo para la atención legal, sicológica. Probablemente todos cuenten con casas de acogida, fiscalías especializadas, personal judicial, cuerpos de especialistas que implementan programas de educación y orientación, leyes contra la violencia, entre otros mecanismos que demandan cada vez mayores partidas del presupuesto nacional para responder a la demanda de mayores servicios.
Es fundamental que se comprenda que en cada uno de estos países la violencia hacia la mujer tiene causas, orígenes y modus operandi que les son comunes: La subvaloración sociocultural de la condición femenina (aspecto nodal del problema) la misma subvaloración que lleva a los hombres, sin distinción ninguna, a no ver a las mujeres como sus iguales, y actuar en base a los estereotipos.
En su libro “Estereotipos de Género. Perspectivas Legales Transnacionales” Rebeca J. Cook y Simone Cusack, introducen una importante valoración sobre los estereotipos, pues en su parecer, “Los estereotipos degradan a las mujeres, les asignan roles serviles en la sociedad y devalúan sus atributos y características. Los prejuicios sobre la inferioridad de las mujeres y sus roles estereotipados generan irrespeto por ellas además de su devaluación en todos los sectores de la sociedad. Las mujeres pueden ser condicionadas socialmente para internalizar los estereotipos negativos sobre sí mismas y para cumplir con el papel subordinado y pasivo que consideran apropiado para su estatus”.
En interés de llegar a la verdad profunda de la cosa se debe hacer una acuciosa lectura del aporte que hicieron analistas e investigadoras feministas al introducir en el pensamiento social un elemento novedoso e invaluable el cual parte del concepto construcción social de género como fundamento del origen de la subvaloración de lo femenino, y de cómo se sustenta y perpetua la subvaloración social de lo femenino, mientras que lo masculino aparece como lo superior y hegemónico.
