El 13 de mayo, llena de alegría, bajó de los cielos la virgen María… Aaave, Aaave, Ave María.
Mañana lunes, el mundo católico celebra el 102 aniversario del “Milagro de Fátima” cuando la madre de Dios se apareció ante tres niños pastores menores de 10 años, para revelarles algunas profecías, que nada tienen que ver con la teología de la Iglesia.
Entre ellas, el ascenso y caída del comunismo.
Los que han visitado la basílica de Fátima en Portugal (lugar de las presuntas apariciones), de inmediato ven el patético espectáculo de rezos y llantos, que ofrecen una hilera de fieles desplazándose de rodillas por un largo tramo (rodillo metro).
Aunque visitado por los últimos cuatro papas, incluyendo Francisco, el lugar, no es otra cosa que un verdadero mercado, que si Jesús volviera lo disuelve a latigazos.
¿Qué motivaría a la Iglesia para perpetrar semejante “fraude”? Desde su instauración en 1910, el Estado, había trabajado para reducir el poder del clero portugués y secularizar el país, pero los “milagros” de Fátima fueron el instrumento perfecto para conseguir los fondos que se buscaban para restaurar las propiedades eclesiásticas y lograr que el pueblo volviera al culto.
El padre Mario de Oliveira en sus libros: Fátima Nunca Mais (1999) y Fátima SA (2015), opina que el milagro es un embuste, y acusa al clero de haber perpetrado un montaje y manipulado a los pastorcitos para una farsa, que lleva ya más de cien años. Resalta además la época de “gran oscurantismo cultural” y el aprovechamiento de la ignorancia rural por parte de la Iglesia Católica”.
En nuestro país, todavía algunos dan crédito a las supuestas apariciones de las vírgenes Mercedes y Altagracia; infundio que se ha extendido a otros países de la región, generando un lucrativo negocio de turismo religioso; estableciendo una máquina de dinero en los santuarios del Santo Cerro y la basílica de Higüey. ¿Por qué reverenciar a quien tomó parte en una batalla donde masacraron a nuestros indígenas?
Evidentemente, todas estas apariciones son mentiras.
Teológicamente, las apariciones no son posibles, más bien, son expresiones de religiosidad popular. Sin embargo, contrario al mensaje de liberación de Jesús, la Iglesia ha optado por fomentar este tipo de espectáculo entre personas que buscan soluciones a sus problemas en el cielo, cuando la solución sólo se encuentra dentro de cada persona.

