Historia y vida de Violeta Parra
III
Regresó a Chile en 1956 renovándose como artista trabajando en cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras. Trabajó un tiempo en un museo de arte popular y folclórico en la Universidad de Concepción y viajó por casi todo Chile dando cursos de folclore y recitales. Surgieron sus primeros LP, “El folklore de Chile” en los cuales la voz de Violeta se acompañaba apenas de una guitarra. En 1960 expuso por primera vez sus óleos, en la Feria de Artes Plásticas del urbano parque Forestal. Colaboró también en varios documentales sobre tradición chilena.
Violeta despertaba entonces un interés mucho más veraz en el extranjero que local. Entre 1961 y 1965 se radicó nuevamente en Europa donde impulsó constantes recitales. Vivió de modo intermitente en París con sus 3 hijos con quienes grabó varios discos. Fue un tiempo de gran creación pero también de nostalgia como lo explican los versos de “Violeta ausente”. En 1964 se convirtió en la primera latinoamericana en exponer individualmente en el Museo del Louvre.
Fue también éste un período de amor intenso gracias a la relación que forjó con el musicólogo y antropólogo suizo Gilbert Favré, destinatario de muchas de sus más importantes composiciones de amor y desamor. En esos años surgieron algunos de sus títulos más “combativos”, esenciales para el venidero movimiento de Nueva Canción Chilena.
También en París escribió el libro Poesía popular de los Andes. La televisión suiza filmó entonces un documental que incluía una extensa entrevista en su taller
Regresó a Chile de modo definitivo en 1965 dejando atrás el rico intercambio cultural de Europa y volviendo a una sociedad recelosa de su franqueza y que no empezaba aún a entender su arte.
Instaló en lo alto de la “Comuna de La Reina” una carpa con capacidad para 1.000 personas. Pretendía continuar mostrando su música, pero no consiguió nunca la convocatoria esperada.
Se añadían a esta decepción artística los sinsabores del término de su relación amorosa con Favré que se fue a Bolivia en 1966. Ella vivía con la contradicción de quien se sentía responsable de una gran misión y la casi total indiferencia hacia su trabajo. Esto dijo en una entrevista de 1966 con René Largo Farías.
No fueron tiempos fáciles para Violeta que intentó acabar su vida por primera vez en 1966, poco antes de grabar su mejor disco. Preocupados, algunos de sus amigos la invitaron a una gira por el sur de Chile.
Pero aquello resultó ser un bienestar fugaz. Sus últimas composiciones fueron una suerte de epitafio adelantado, un disco de canciones tan intensas y contradictorias como su vida, que iba desde la más desolada amargura de “Maldigo del alto cielo” hasta el himno humanista en que se ha terminado convirtiendo “Gracias a la vida”. Para publicar este álbum decidió cambiar de sello y se marchó de EMI-Odeón, con quienes venía trabajando desde 1953.

