En un mundo en el que una gran mayoría se preocupa principalmente por obtener dinero y poder, impresiona el conocer lo que leí el otro día en el periódico El País. Según el artículo, los expertos dicen que nuestro planeta se está fracturando.
Ya no se trata de una quimera, lamentablemente. Lo que hace unos años se nos antojaba como algo harto lejano, va convirtiéndose, de forma vertiginosa, en una realidad probada científicamente. Hasta los que no somos duchos en la materia, podemos comprobar los cambios climáticos que se están produciendo, día a día. Hemos estado matando, y seguimos haciéndolo, poco a poco, nuestro planeta azul. A cambio, éste se está rebelando por los abusos a los que le hemos sometido y que, consciente o inconscientemente, continuamos cometiendo diariamente en su contra. Muchas veces me pregunto sobre el conocido misterio de la Atlántida, el supuestamente desaparecido continente. ¿No habrá ocurrido, por entonces, algo similar a lo que está acaeciendo ahora? Obviamente, esta es una idea personal que nada tiene que ver con la ciencia.
El artículo al que me refiero, escrito por Alicia Rivera, asegura que la insólita ruptura de una de las grandes placas tectónicas de la superficie del Índico causó el terremoto del pasado abril al suroeste de Sumatra. El 11 de abril de este año se registraron dos grandes terremotos de magnitud 8.7 y 8.2 en el océano Índico, al suroeste de Sumatra. Tembló la tierra desde Australia hasta India y el sureste asiático, cobrándose muy pocas víctimas y daños en comparación con la tremenda catástrofe del año 2004, en la misma región, cuando el tsunami, desencadenado por el seísmo, se cobró miles de vidas. Estos pavorosos y extraños acontecimientos no han pasado inadvertido a los ojos de los científicos quienes los consideran como algo excepcional y han descubierto que, las catástrofes, son la consecuencia de un proceso de fractura de una de las grandes placas tectónicas, en este caso la Indo-australiana, que forman la corteza terrestre.
Las placas tectónicas son planchas rígidas de roca sólida que conforman la superficie de la Tierra, llamada litósfera, o litosfera, flotando sobre la roca incandescente y fundida que conforma el centro del planeta, llamada astenósfera. La litósfera tiene un grosor que varía entre los 15 y 200 kilómetros. Y es más gruesa en los continentes que en el fondo marino. El movimiento de dichas placas explicaría, en gran parte, los terremotos y la actividad volcánica en nuestro planeta. La litósfera está formada por un número de ellas, más o menos grande. Estos fragmentos son, generalmente, pasivos e inactivos y se mueven sobre el manto. Sin embargo, cuando entran en contacto entre ellos se rompen, produciendo terremotos, erupciones volcánicas y deformaciones en la corteza continental, la orogénesis. Sus límites son La Dorsal Oceánica, La Fosa Oceánica y determinadas fallas transformantes. En ellas se pueden producir tres movimientos: el de separación, a lo largo de las dorsales oceánicas; el de aproximación, a lo largo de las fosas, y el de deslizamiento, a lo largo de las mencionadas fallas transformantes.
Escribiré más extensamente sobre este interesante tema. Pero hoy quiero limitarme a pedirnos, que cuidemos nuestro planeta, en la medida de nuestras posibilidades.

