Opinión

Vivir en democracia

Vivir en democracia

Ahora se habla mucho de los déficits de la democracia, y se dejó la discusión sobre el capitalismo y la democracia, sobre democracia popular y cosas parecidas. Versus una dictadura, la democracia se nos presenta como el espacio idóneo. Es como el sinónimo de vivir en libertad, en cuanto a poder hacer lo que jamás pude hacer en la dictadura.

En cuanto a teorías y academicismo, la democracia es digna de los estudios. Y repetimos sobre la necesidad de fortalecer la democracia. Sin embargo, ¿cuánto de nosotros vivimos en condominios o a cuántos de nosotros nos ha tocado vivir en un grupo pequeño que se ha vuelto un disparate al momento de las decisiones?.

No vayamos tan lejos, quedémonos en el hogar. Veámonos entre los hijos o entre los hermanos. Vivir en democracia exige renuncia de cada uno de nosotros. Es lo esencial. Renunciar a los egos, a la individualidad, renunciar incluso a tener la razón para que una mayoría pueda decidir el camino a seguir mediante un simple recurso, el voto.

Aquel viejo refrán de que la fiesta terminó como la de los monos es tan fácilmente aplicable al déficit de cualquier democracia. Ponernos de acuerdo a los fines de garantizar mínimamente la gobernabilidad o para el bien de la gobernanza…es una tarea difícil, complicada o compleja. Se requiere de disciplina, de capacidad de comprender a los demás, a la tenacidad del entendimiento. Compartir un sueño.

La lógica de una democracia (estoy suponiendo) va más allá de la idea de ser escogido y de escoger, a la de un derecho. Prefiero revertirlo todo, y decir que la lógica de una democracia en un país como el nuestro o entre personas como nosotros comienza por la disciplina, la aceptación de los deberes, no del derecho.

Para que una democracia funcione, por pequeño que sea el grupo humano, debemos comenzar por practicar y/o tomar conciencia de nuestros deberes. Comenzar por ahí: los deberes.

Y ay de cuando comienza a brotar el enriquecimiento rápido. Cuando el dinero en nuestros bolsillos supera nuestra capacidad de convivencia, de entendimiento, de comprender a los demás, cuando se nos va la sica a la cabeza…ahí es cuando la puerca retuerce el rabo.

El Nacional

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