Opinión

¿Vivo o muerto?

¿Vivo o muerto?

Las autoridades desconocen la tumba o el paradero de Pedro Alejandro Paniagua (Qurinito), que cumplía condena de 20 años por asesinato, quien supuestamente habría muerto en prisión de un infarto cardiaco, pero nadie sabe dónde lo sepultaron o si está vivo.

El periódico Hoy reveló ayer que el juez de ejecución de la pena de San Cristóbal dispuso el traslado de Quirinito a una cárcel de San Francisco de Macorís, dizque “por razones de humanidad”, porque supuestamente padecía de un carcinoma en la lengua.

También se afirma que alguna autoridad forense levantó un acta que certificaría la defunción del reo sobrino de Quirino Ernesto Paulino Castillo, extraditado y condenado en Estados Unidos por tráfico de drogas.

Como si fuera una novela de Kafka, de Quirinito no se sabe nada, ni si de verdad murió o si está vivo y viable, pero lo peor es que el Ministerio Publico confiesa que ignora lo que ha pasado con ese imputado condenado a 30 años de prisión.

No se pondría en dudas que de verdad un juez dispuso por razones humanitarias el traslado de ese presidiario a una cárcel cercana al supuesto hogar de sus padres, ni de que de verdad padeciera de algún tipo de cáncer o que por esa razón haya fallecido, pero que no se sepa dónde lo sepultaron es imperdonable.

¿Cómo es posible que las autoridades ignoren el destino final de un reo cualquiera, pero sobre todo de una persona que debía purgar 20 años por un homicidio relacionado con tráfico de drogas?
Posiblemente el señor Quirinito haya fallecido, pero también puede ser que esté vivo y viable, porque la Procuraduría General no puede decir o afirmar una cosa ni la otra. ¿Cuántos reos habrán muerto en circunstancias tan misteriosas?

Quizás sea prudente que para evitar malos entendidos, las autoridades acudan a cada cárcel con la lista de reclusos con sentencia definitiva o preventivos para establecer sobre el terreno quiénes están vivos y quiénes ya fallecieron.

Lo menos que se reclama de las autoridades es que esclarezcan este caso bochornoso, en el cual quien tiene que saber admite que no sabe nada sobre el paradero vivo o muerto de un recluso que nunca tuvo la condición de interno ordinario.

El Nacional

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