Opinión

VOCES Y ECOS

VOCES Y ECOS

La negativa de Juan Bosch  a que Buenaventura Sánchez Féliz fuera su vicepresidente,   marca en el país post Trujillo,  el inicio de la predisposición  del  candidato presidencial  respecto del vicepresidencial. Esto conlleva –en la mayoría de los casos- la escogencia de compañeros de fórmula  carentes de garras políticas.

Sánchez  fue elegido  en la convención del 19 de octubre de 1962,  pero anulada su elección se procedió a votar de nuevo el siete noviembre, ocasión  en que fue escogido  Segundo Armando González Tamayo, el favorito de Bosch. Catorce días después Sánchez dirigió un  comunicado al país para expresar su  malestar.

Su planteamiento inicial consistió en que debió haberse votado solamente por los aspirantes  que  obtuvieron la mayor cantidad de votos en la primera elección, por lo cual  el incluir a González Tamayo en la segunda votación fue violatorio del estatuto del partido. Según su  parecer, sólo debieron concurrir Juan Casasnovas Garrido y él.

Declaró que no sería   la aspiración a cargos públicos, por elevados que éstos sean, ni  la ambición de riqueza,  lo que sostendrá en los primeros lugares de la trinchera del  peligro y del honor “en defensa  de los intereses populares y de la integridad de la Nación, al combatiente de caribe estirpe”.

Dijo:  “En las batallas por las conquistas de la libertad, del progreso, de la abundancia y de la felicidad para los pueblos esclavizados y desposeídos de la tierra, nada más quedan en pie, inconmovibles, sobre la   laceración de la perfidia del hombre y sobre los escombros de la historia, los paladines de trayectoria humanista rectilínea…”

Sánchez   se refirió a  su “gólgota de lucha”, recordando     sus cuarenta años  en la “sórdida política” – 31  en el  exilio- los cuales habrían sido suficientes para que el  pueblo reconociese  “a uno   de sus más  esforzados servidores de todos los tiempos, que ha de serlo hasta la hora misma de la muerte, sin cobardía, sin tacha y sin amilanarse ni rendirse”.

El documento era abundante de palabras. Emitió    juicios   ajenos  a la situación política que lo envolvía. Hizo una gira  por la historia dominicana y citó acontecimientos desde la colonia  hasta  “el heroico magnicidio” para afirmar que todos esos sacrificios  “se disuelven en la nada de un existir sin grandeza y sin futuro”.

Habló de zancadilla y conspiración  por la derecha, por el centro  y por la izquierda. Habló de ruina,  crisis moral y apocalipsis del hambre. “Todo es acomodo, todo es confusión, casi todo es inmoralidad, todo es mentira, todo es conspiración rampante y sórdida”. Se refirió al momento como “La gran mentira”. Así terminó la historia.

El Nacional

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