Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

El Partido que ha constituido una escuela de democracia para la República Dominicana ha devenido en víctima de la autocracia. Fundado en 1939, durante   la tenebrosa dictadura de Rafael Trujillo,  combatió a  éste y el despotismo ilustrado del doctor Joaquín Balaguer, en   riesgosas jornadas de las que  no solo sobrevivió, sino que resultó airoso.

El Partido Revolucionario  Dominicano tiene un  historial esplendente en las luchas por la democracia y las libertades políticas. Ni tiranos ni tiranuelos lograron doblegarlo. Hoy,  sin embargo, su caso se parece al de un hombre capaz de realizar hermosísimas hazañas, enfrentar grandes retos y resultar  invicto,  a quien  un hijo de conducta  extraviada lo vuelve un guiñapo.

El guerrero que se creía inexpugnable  descubre que  no puede con   su hijo menor, pues éste se ha tornado un ser  lleno de egoísmo y resentimiento, que se  complace con la maldad. El hombre se  esfuerza  por entender a su vástago: le hace concesiones  y le soporta majaderías; pero al muchacho   le crece  aún más su delirio de grandeza.

Un sicólogo le ha diagnosticado algo extraño: Síndrome del emperador. Le explica al angustiado padre que la característica  de los niños que padecen este fenómeno es  actuar “contra la ley”. Ya en la casa, el muchacho ha roto todos los patrones  de comportamiento y ha convertido a  la familia  en una vergüenza.

El  profesional  abunda en su  concepto   y   cita  lo que la ciencia llama “Super Yo” para explicar algunos comportamientos. Sobre todo,  cuando la autocomplacencia  es lo que estimula  el accionar del individuo  y los padres  no pueden encauzar  al hijo problemático  por las sendas de la sana convivencia  y la armonía familiar y social.

 El   ente   agresor  busca con su embestida y encierro personal  sentar su dominio y arrodillar  a todo  el mundo a satisfacer su patológica  voluntad. El PRD  está como ese hombre  que no puede establecer  límites claros  a su hijo enfermo, el cual   lo manipula materialmente  y  lo desarticula emocionalmente.

El desconocimiento  de la autoridad y el orden ha determinado en el sujeto de esta historia la agudización del síndrome del emperador. Que es exactamente lo que ocurre en el PRD con la pretensión absolutista de uno de sus dirigentes, erigido en “Super Yo”, en busca de objetivos no bien definidos.

Para él no importa ética, reglamentos ni tradición. Se siente que ha vencido a la ley. Con su actitud sitúa a la organización al borde del abismo, pero su estado no le permite advertir  que  la  iniquidad  es superior a toda calamidad. ¿Qué es, si no   calamidad, que un poderoso instrumento de la democracia  esté   apestado de autocracia?

El Nacional

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