Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

En el Partido de la Liberación Dominicana está claramente planteada una actitud de subordinación  con respecto al presidente Leonel Fernández  que pudiera avergonzar a los involucrados.  Los  presidenciables  lo manifiestan muy bien. La demostrada timidez en la promoción de sus aspiraciones  y los lemas que emplean no indican más que resignación.

Todos tienen suficiente formación para  comprender que la Constitución impide a Fernández repostularse  en los comicios de 2012, pero simulan ignorarlo para   agradar a su  Superior, de quien esperan el favor  de un señalamiento  que le permita conseguir la candidatura presidencial.

En una boda, las muchachas  casaderas se mantienen expectantes  en espera del ramo de flores que lanzará la novia, pues creen que quien lo atrape será la siguiente en llegar al altar.  Los precandidatos del PLD  esperan del mismo modo que les caiga  el ramo de la novia. Y a tal fin han desarrollado   un conformismo y capacidad de aguante dignos de  estudio.

“La obra de Leonel la sigue Rafael”. “Si Leonel no va, me voy con  José Tomás” o “Después del primero va el segundo” son pruebas de lo dicho. Otros precandidatos asumen  un discurso más discreto aún, como para incurrir en menos posibilidad de ofender al líder. Esta  conducta  de sumisión ha sido transmitida a  muchos militantes.

El pasado sábado esta columna se refirió al optimismo de Danilo Medina,  precandidato que  realiza su promoción sin  indicar que espera que Fernández lo señale, pero que resiste los embates  del reeleccionismo con estoicidad, sin atreverse a enfrentar –la razón es  obvia-  al jefe del PLD. Críticas y ataques llovieron para el autor y para Medina.

Asombra que tanta gente haya  renunciado a su derecho de pensar y elegir según su conciencia. El pensar se lo dejan al Presidente, sólo él puede ver el futuro, sólo él puede decidir,  porque él es  “padre y redentor” y para muchos es su “señor y dador de vida”. Toda iluminación viene de él y el principio de la sabiduría es temerle a él.

Asombra que algunos peledeístas  rechazan  el auge de Medina y no temen  admitir que  es Fernández quien decidirá la elección  del candidato del PLD en caso de que él mismo no lo sea. Se le  recuerda  a esos  amigos   el contenido del artículo 124 de la Constitución y unos  titubean para afirmar que el mismo no impide al mandatario optar por un nuevo mandato. Otros aseguran que la Carta  Magna puede modificarse.

Algunos recurren a la “jurisprudencia” de que Hipólito Mejía la modificó y pudo repostularse. Y nadie   niega que si Fernández altera el texto constitucional sometido y proclamado por él,  puede  ser candidato. Lo difícil de  entender es cómo  una sociedad involuciona para volver a esa peligrosa  fase  donde  asuntos de alta  importancia para el destino nacional se subordinan a la voluntad de un hombre.

El Nacional

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