La penosa situación que afecta al Partido Revolucionario Dominicano ha de ser motivo de preocupación para todo quien guarde un mínimo interés por la democracia. Porque el PRD es precisamente un instrumento de la democracia, a la cual ha ofrecido valiosos servicios antes y después de que fuera decapitada la dictadura de los Trujillo.
Fundado en 1939, por dominicanos en el exilio, el PRD parece haber nacido con el sino fatal de la división. Ningún ente ha mostrado más capacidad para la autodestrucción que ese poderoso partido. Se ha comportado muchas veces como un gallo frente a un espejo y ha sido herido con sus propias espuelas.
Ha sobrevivido a conflictos y biparticiones, no obstante ha obtenido el gobierno en cuatro ocasiones y en otras tantas se lo escamotearon. La crisis actual amenaza con otra ruptura, pero de ningún modo asociada a discrepancia ideológica. Más bien la motiva el orgullo herido de un dirigente con ínfulas prematuras de líder omnipotente.
El señor Miguel Vargas ha plantado en la presente situación el germen de la destrucción. Pero no por una discrepancia en torno a cómo hacer que el PRD cumpla eficazmente su rol y en las elecciones de 2016 alcance el poder político para mejorar la sociedad dominicana, agobiada de insatisfacciones. No, no es por eso.
El doctor Leonel Fernández, pasado presidente de la República, tiene el mérito de dañar todo lo que toca. Vargas, presidente del PRD, ha sido tocado por él. Hay la convicción de que en sus acuerdos con Fernández, Vargas contribuyó a la derrota de su partido en las elecciones de mayo pasado, las cuales ganó Danilo Medina.
Desde entonces no ha habido paz en la comunidad perredeísta y la perturbación se extiende al resto de la sociedad. Preocupa que el partido de gobierno el PLD- controle todas las instituciones del Estado y que al mismo tiempo la principal fuerza política del país se encuentre incapacitada para ejercer el contrapeso opositor.
La solución del trance perredeísta pende de la elección de nuevos dirigentes. Para eso debe reunirse la Comisión Política y disponer la celebración de la convención ordinaria en la primera mitad de 2013. Pero ante el pedido de esa reunión, Vargas ha respondido con el intento de expulsar a los principales dirigentes de la organización.
Vargas fue electo para la presidencia del PRD por cuatro años. Tomó posesión el 19 de Julio de 2009, es decir que cesa en igual fecha de 2013. De ahí que la Convención es la vía idónea para sacar a ese partido del atolladero y ponerlo en capacidad de cumplir con su rol. Es la aspiración de todos los dominicanos sensatos.

