El libro de los nombres
En una jornada dedicada al pensamiento de Platón me ha correspondido comentar el libro Crátilo, original del sabio de Atenas que vivió entre 428 y 347 antes de la Era Cristiana. Esta obra ha sido desarrollada a partir de la técnica del diálogo, recurso mediante el cual la literatura platoniana ha recorrido el mundo y ha marcado su impronta en todas las filosofías.
Las personas o personajes que intervienen en estos coloquios son Sócrates (Atenas, 470 a.C. – id., 399 a.C), Hermógenes (siglo V a. C., discípulo de Sócrates. Uno de los maestros de Platón), y Crátilo (un filósofo griego de finales del siglo V a. C).
La cuestión fundamental se centra en el nombre de las cosas, pero con dos vertientes: naturalismo y convencionalismo.
Las conversaciones giran en torno a si la forma de nombrar las cosas y a las personas parte de la naturaleza de esos entes y una presunta relación entre la palabra que los nombra y la esencia de los mismos o si la denominación se produce por una acción racional que es producto de una convención.
Platón empieza por un diálogo aparentemente trunco entre Crátilo y Hermógenes en el que este último pregunta: “¿Quieres, entonces, que consultemos también a Sócrates, que está aquí, acerca de este argumento?”.
Se le plantea el asunto a Sócrates, incluyendo el detalle de que Hermógenes cree que Crátilo se burla de él por la analogía que hace de su nombre. En su respuesta, Sócrates incluye la idea de que “…el de los nombres no resulta ser un pequeño tema de aprendizaje”.
Crátilo había dicho a Hermógenes que ese no podía ser su nombre, dado su fracaso para la obtención de bienes materiales, ya que Hermógenes significa “de la estirpe de Hermes”, y esa deidad estaba asociada a la suerte y actuaba como protectora de la obtención de riquezas. Sócrates le responde:
“En rigor, parece que Hermes es algo relacionado con el lenguaje, al menos en un punto, pues al ser hermeneuta (hermeneús), mensajero, artificioso y engañoso en sus argumentos y también comerciante, toda esta actividad es una capacidad basada en el lenguaje.
Entonces, como decíamos también anteriormente, ‘hablar’ (eírein) es utilizar el lenguaje…Por ambas cosas el nominador nos colocó a este dios como si fuera el que piensa el decir, esto es el lenguaje: ‘Hombres, quien pensó el hablar (eírein emésato) podría ser llamado con toda justicia por ustedes Eiremés’. Pero ahora nosotros, embelleciendo el nombre, según creemos, lo llamamos ‘Hermes’”.
En el fondo está la idea de la “adecuación de los nombres”, de acuerdo con la cual conocer los nombres permite conocer las cosas.

