¿Qué país es este donde los bustos de los héroes de las luchas libertarias son robados para venderse como metal? La forma en que se vive en República Dominicana conduce a que se ignore el valor representativo de un trozo de bronce en el que se ha esculpido la figura de un hombre que de algún modo constituye un ejemplo para sus conciudadanos.
Hace poco la compañía Claro-Codetel denunció pérdidas por 82 millones de pesos durante 2012 por causa del robo de cables del servicio telefónico. Otras empresas de telecomunicaciones se quejan de lo mismo. El dañar un servicio vital para la era moderna nada importa a los ladrones ni a quienes les compran los metales robados.
Nada turba a la mafia que roba metales para la exportación al momento de sustraer la tapa de un albañal o una placa conmemorativa de una batalla por la Independencia o con la que se recuerda un acontecimiento relacionado con nuestra historia, repleta de sobresaltos y agonías y de sucesos que bien remedan la pelea de David con Goliat.
Este país ha necesitado proclamar tres veces su independencia. La primera ocurrió en 1821 cuando la parte oriental de la isla declaró su separación de España. Haití, la parte occidental, llevaba 17 años como nación libre y ocupó a la naciente república a inicios de 1822. Veintidós años después se da la guerra para zafarnos del vecino, y nace la República Dominicana.
En 1821 un intruso caudillo entregó la soberanía al imperio español. Hubo que pelear de nuevo para en 1863 restaurar la Independencia. La figura principal de esa gesta fue el general Gregorio Luperón. Una importante avenida de Santo Domingo lleva su nombre, pero tal vez ninguna autoridad se ha percatado de que el busto con su efigie fue robado.
Los medios de comunicación no se han enterado. Es que son tantos los robos. ¿Qué importancia tiene que se eche a un horno el rostro de un padre de la Patria si también son fundidos los cables que soportan puentes y torres metálicas que sirven al tendido eléctrico? Es así como se vive aquí. Más de siete meses lleva la estatua de Luperón ausente de su pedestal.
Desconozco el valor en efectivo del busto del patricio Gregorio Luperón. Si por dinero fuera, más preocupante ha de ser lo que le han robado a las telefónicas. Pero ¿y el valor representativo? ¿Y el sentido de unidad en torno a sentimientos comunes de una nación? ¿Qué decir de un pueblo y de las autoridades donde esto ocurre? No sé pero damos pena y vergüenza.

