Cuando la persona ha agotado su ciclo vital, morir equivale a lo que para un navegante es tomar puerto, pero cuando asalta a un joven, -dice Gracián- la muerte es un naufragio. Luis Adames no figuraba en lista para fallecer el sábado 12, pero ocurrió. Su muerte es un naufragio.
Condujo su automóvil hasta la clínica Gómez Patiño para someterse a una cirugía. Anestesiado, entró a un túnel desconocido y no despertó. Nadie puede agregarlo de nuevo a su círculo. El dolor percute intensamente.
Sobre todo para quienes esta muerte nos ha caído tan cerca. Federico Henríquez Gratereaux publicó el lunes pasado el artículo Las muertes distantes, en el cual describe el dolor ocasionado por tragedias como las de las torres gemelas, terremotos en Haití y en Japón. Los japoneses están de luto. Lloramos con ellos estas muertes distantes, terminó diciendo.
Los compañeros de Adames no podemos dejar que muera en nuestra memoria. Así se expresaron algunos sobre el hecho. José Miguel Montero: Lo defino con una sola palabra, solidaridad. Tomás Vidal Rodríguez: cuando recibí la noticia de su muerte no lo creí y todavía me pregunto cómo parte de esta tierra una persona con tanto espíritu de trabajo.
Están pagando, era la frase acostumbrada cuando se aproximaba el día de pago a primera hora de la mañana o cuando el mes de abril se acercaba Zapata cuándo es, refiriéndose a la entrega de las bonificaciones, Pedro Castro.
Para Teófilo Bonilla: Perdimos a un compañero solidario y leal. En la Redacción con su desaparición terminó la alegría, la jocosidad y las ocurrencias. Silvio Cabrera: Acompañé a Adames hasta que entró al quirófano y escuché sus últimas palabras, por lo que puedo asegurar que bromeó con la muerte hasta el último momento.
Adrián Javier: En mi oración de ayer le pedí a Dios que se lleve a los narcotraficantes, a los sicóticos, a los agiotistas, a los usureros, a los vende-patrias, a los terroristas, a los que en su nombre abusan de la infancia, a los que bombardean pueblos pobres y violentan ancianos, inmigrantes, hombres desvalidos y amores embarazados. Le dije Llévate todo lo inútil y devuélvenos a Luis, sano y sonriente. ¿Cómo se te ocurre?
Christian Oviedo considera que las palabras, gracioso y ocurrente, definen en parte la personalidad de Adames. Mientras Justo Marcallo, tiene que recordar: Vimos nuestros hijos nacer, crecer, enfermarse y sanar. Adames me enseñó la solidaridad, el ánimo y aliento.
Luis Adames no puede irse de nuestra memoria, aunque la acechanza de la muerte haya logrado separarlo físicamente. La muerte distante y múltiple duele, pero la cercana, aun en singular, no lastima menos.

