Después del día 28, cuando llegue al monasterio Mater Ecclesiae, donde se alojará, en las cercanías del Vaticano, monseñor Joseph Ratzinger, hasta entonces llamado Benedicto XVI, sonreirá a las monjas que un tanto nerviosas le dirán: Adelante, Su Santidad, para mostrarle su habitación. Muy solícitas, le explicarán cómo llamar ante cualquier necesidad.
Preguntarán a qué hora Su Santidad prefiere el desayuno y si Su Santidad gusta de té o café. El papa emérito les sonreirá de nuevo y les dirá, dulcemente -o tristemente-: Hermanas, pueden llamarme monseñor Ratzinger. Las religiosas se retirarán levemente confundidas. Se mirarán y harán como dijeran: Es así.
Ratzinger se dejará caer en una regia butaca y recogerá los ruedos de la sotana que estrenará ese día. Vestirá sotana negra adornada con ribetes y botones rojos, como la faja. No llevará las zapatillas púrpuras que usó durante ocho años, sino zapatos convencionales. Para púrpura, el solideo, que ya no lo usará blanco.
Habrá entregado el Anillo del Pescador que recibió el día de su asunción al papado. Esta prenda es propia del obispo de Roma y simboliza el poder pontificio. Le fue colocado a Benedicto XVI por el cardenal Camarlengo una vez que fue elegido Papa. Es de oro y tiene una imagen de San Pedro pescando en un bote.
Tal vez Ratzinger se coloque su anillo cardenalicio, señal de compromiso con la iglesia universal, pero localizar el capelo que le impusiera Pablo VI, cuando lo designó cardenal, quizá no le importe tanto. Él no presidirá ninguna de las comisiones pontificias ni votará para elegir al próximo Santo Padre ni a ningún otro.
Ratzinger ha renunciado cosa no vista en seis siglos- a la jefatura del Estado Vaticano, a la máxima autoridad de la iglesia Católica y al obispado de Roma. Conserva la dignidad episcopal. Obispo es el más alto grado del orden sacerdotal, todo lo otro es accesorio. Federico Lombardi, vocero del Vaticano, dijo que el papa dimitente será un obispo más.
No existe un protocolo para tratar al papa en retiro, aunque los cánones católicos prevean el derecho del Pontífice a la dimisión. Todo está claramente escrito respecto de obispos y cardenales. Pero no para el papa emérito. ¿Usará Ratzinger la palabra Cardenal entre su nombre y su apellido? ¿Se le llamará Su Eminencia Reverendísima?
No será obispo suburbicario de Roma ni participará de consistorio alguno. Luce que el ex arzobispo de Múnich se dedicará a orar, escribir y descansar. Cada mañana oficiará la misa en la capilla del monasterio, y las monjitas se sentirán más cerca del Señor. Algún periodista querrá entrevistarlo, pero Ratzinger responderá que está hablando con Dios.

