Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Hay un hombre que le debe al colmado, a la farmacia, a la compraventa y a todo quien le fía,  pero persiste en la práctica de  gastar   por encima de su ingreso, mediante el consumo de bienes costosos y  el ejercicio de una vida licenciosa.

Como  no se arredra en eso de tomar créditos, el sujeto tiene un contrato con un gran prestamista por un  monto considerable, con quien ya tiene  deuda vieja. El prestamista penetra   a su casa  y revisa todo,    le muestra al hombre el dinero  apetecido, pero le advierte  que como no ha pasado la prueba no le puede desembolsar un dólar.

Nada simpático,  el prestamista  le enrostra: “Tú, además de  dispendioso, eres mentiroso, dices que  vas a corregir tu conducta  errática y sigues parrandeando, comprando cosas fútiles  y haciendo uso antojadizo del dinero”. Y se va  con el maletín repleto.

Aun así, el hombre  celebra pomposamente los quince  de su hija, se  estrena  un auto, toma whisky  caro  y sostiene  relaciones extraconyugales de las que implican inyección sostenida de recursos.

El sujeto de quien les hablo es la perfecta encarnación del gobierno dominicano. Puso en el Presupuesto de Ingresos de 2011 algo así como mil doscientos millones de dólares, procedentes del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, pero ese organismo no ha desembolsado un dólar, debido al desastroso manejo de la economía.

En la última revisión de la economía dominicana, el FMI encontró un déficit de  56 mil millones de dólares, aunque el gobierno lo negó en principio. Esta situación  hizo  flotar las discrepancias entre  los ministros Temístocles Montás, de Economía Desarrollo, y Vicente Bengoa, de Hacienda, la cual  determinó la sustitución de este último.

El Fondo regresa   en estos días, para una sexta revisión. Pero como si se tratara de un estudiante que reprobó en la primera convocatoria, en la segunda y en la tercera, ahora el  gobierno preparó un gran chivo a fin de aprobar el examen. Porque  tiene problemas de aprendizaje, sobre todo si se trata de ahorro.

Para  meter el  chivo,  se  ha valido del senador  Adriano Sánchez Roa, quien depositó en el Senado   un proyecto de ley   con apariencia de una iniciativa benigna y sana. Pero es un anzuelo.   El atractivo está en que ofrece aumentar el presupuesto de Educación y Salud. Perfecto  ardid.

La trampa radica en que la intención del proyecto  consiste en eliminar exenciones fiscales hasta la mitad de las existentes, lo que indica que una inmensidad de productos y servicios que no pagan Itebis, pasarían a pagarlo. Es una forma inicua de colocar nuevos impuestos a fin de quedar bien con los prestamistas, sin importar que al pueblo se lo lleve el demonio.

Hay que rechazar esa ley truculenta,  aunque el gobierno se queme en la sexta convocatoria  a que lo someterá  el FMI.

El Nacional

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