Opinión

VOCES Y ECOS

VOCES Y ECOS

Manuel Salvador Gautier ha demostrado acendrada  devoción hacia las historias que colocan en certera dimensión a las figuras heroicas. Quedó marcado con esa señal desde su nacimiento como novelista,  con la tetralogía  “Tiempos para héroes”, en  1993,  que mereció el Premio Anual de Novela. Desde entonces ha publicado catorce.

Escribir una novela sobre la principal figura de la historia dominicana, sin replicar las versiones que nos presentan a Juan Pablo Duarte como un elemento etéreo y angelical, y por igual sin caer  en actitudes que pudiesen menoscabar  la imagen del Patricio,  constituía, sin duda, un  reto inmenso.

Y Gautier, que es  hombre de  fe en la literatura y en las potencialidades de este arte para  destacar hechos y sentimientos, lo asumió  con la valentía, la prudencia y la inteligencia que conllevaba una empresa de similar envergadura. Componer obras de ficción con personajes reales  puede conllevar    para el autor riesgos de   calificaciones    amargas.

Cuando abordó el bergantín que lo trasladaría a Nueva York en su periplo hacia Barcelona, el joven Duarte, de 16 años,  hubo de tragar  las acres  impertinencias del capitán Sheridan, que insistía en enrostrarle  al muchacho la  condición de haitiano, porque Haití gobernaba la parte oriental de  Santo Domingo, asiento del pueblo dominicano.

Este incidente resulta un eje muy  importante en la vida de Duarte. A él se agregan  las realidades creadas  por  Gautier. Sí, porque el novelista crea realidades. Se  diferencia de un historiador en que  mientras  éste registra hechos  comprobados, el novelista   se vale   de hechos que han pasado   y  de otros que podrían pasar.

Recientemente  participé  en un taller sobre narrativa que ofreció,  en Santo Domingo,  el escritor mejicano Xavier Velasco,  y  me llamó la atención  que dijera: “El novelista cuenta historias reales, pero que no han sucedido”. Dimensionando a Dios, la novela de Gautier, es   en buena medida una expresión de ello. 

Es verdad histórica que Duarte pasó dos años en Barcelona. En sus investigaciones basadas en los escasos datos que hay sobre esta estadía, las hermanas Ayala, descendientes de Vicente Celestino Duarte,  llegaron a la conclusión de que, en el único lugar donde el joven  pudo estudiar durante este tiempo fue en el Seminario Conciliar.

El Duarte de Gautier  es un muchacho   ambicioso de sueños, osado, indócil, quien aspiró a ser sacerdote para venir a su tierra y usar el poder eclesiástico al servicio  de la independencia. En   “Dimensionando a Dios”, Juan Pablo Duarte queda  justamente  dimensionado.   Gautier ha estructurado una historia enteramente verosímil, en la que lo imaginario puede contarse como real y viceversa.

 

 

El Nacional

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