Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

El pueblo dominicano es tan simple que las palabritas más banales lo entretienen y lo duermen. Las palabras  de nuestros líderes son tan incorpóreas como el humo y los asuntos públicos se tratan  con liviandad tal  como si se dijera que “la pelota es redonda y viene en caja cuadrada”.

 De las alturas del poder se ha proclamado que no habrá “vacas sagradas”  en el conocimiento del caso de los mafiosos  José Figueroa Agosto y Sobeida Féliz, atrapados en Puerto Rico el pasado sábado.

Todos sabemos la facilidad con que salió de la cárcel  la cómplice de Figueroa.  Muchos suponen la forma en que salió del país, en abuso de la prisión bajo fianza. Unos pocos conocen exactamente cómo escapó, que no fue precisamente saltando charcos, pasando alambradas ni vadeando peligros.

A pocas horas de la detención de la celebridad, un abogado le diagnosticaba un embarazo de cuatro meses para argumentar que por eso no podía ir a prisión. Aquí se habla de manera tal que nadie guarda compromiso con lo dicho. Un relativismo rampante afecta la conducta de algunos hombres públicos.

Los abogados que utilizan los medios de comunicación para defender  casos,  no ayudan a la justicia, porque difunden confusión. La sociedad dominicana no soporta otra burla de una mujer encontrada con pruebas claras de conducta impropia. Recurrió al ardid de  la salud de su madre para engañar la justicia. 

Del sábado hacia acá el jefe de la Policía, Rafael Guillermo Guzmán Fermín,  se ha mostrado parco de palabras. Sólo  expresó su regocijo por todo lo que hizo para atrapar a la pareja de fugitivos. ¡Misión cumplida!, proclamó.  El superintendente policial de Puerto Rico, tocayo del  capo boricua, fue más desenvuelto al afirmar que hay gente temblando. Gente de saco y corbata, dijo.

Después de algunas reuniones con funcionarios dominicanos, el señor Figueroa Sancha  quiso cambiar su discurso. Dijo lo contrario.  Tal vez haya  aprendido que aquí    se puede decir lo que sea y borrar en el aire. Lo importante es el impacto  momentáneo de las palabras, más  que  la trascendencia de la retórica.

El Presidente Fernández ha dicho que no habrá “vacas sagradas” en el caso Figueroa – Sobeida.  Pero los temores no son tanto de las vacas, que  son pocas las  conocidas. El peligro está en los toros sagrados. Que no son los toros de la Virgen.  El rumor público señala que algunos tienen  largos y afilados los cuernos.

El pueblo, tan resignado, tan conformista, quiere ver en el matadero a los grandes toros sagrados y a la vaquita Sobeida, con todo y preñada, si lo estuviera, como diagnosticó el abogado. Que se cumpla la palabra esta vez.

El Nacional

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