Opinión

Volvió puntual

Volvió puntual

El mes de diciembre volvió puntual. La Navidad, sin embargo, llegó en circunstancias difíciles, cargadas de problemas económicos y políticos que amenazan la armonía social, y, de no ser por el tráfico demente y las luces de colores que iluminan adornos de temporada, la verdad es que nada nos recuerda al niño que vino a la vida en un humilde pesebre de Belén.

 El envejecido y taciturno personaje  de García Márquez en “Memoria de mis putas tristes”, reveló: “Si algo detesto en este mundo son las fiestas obligatorias, en que la gente llora porque está alegre, los villancicos lelos y las guirnaldas de papel crespón que nada tienen que ver con un niño que nació hace dos mil quinientos años en una caballeriza indigente”.

Aquel sujeto que insistía en llevar un registro con nombre y edad de las mujeres con que se había acostado, tenía razón al cuestionar la relación entre las Pascuas y algunas de sus tradiciones. Sea como fuere, este mes nos presentó nuevamente las reiteradas escenas de pobres que nada tienen, expresión que, no obstante ser propia de la naturaleza humana, marcada por las antojadizas desigualdades que el destino estampa sobre cada uno de nosotros, son exacerbadas por la inmoralidad que caracteriza la inversión pública. 

 El 24 celebramos la Nochebuena, al día siguiente el advenimiento de Jesús, y el 31, al toque de las doce y entre repiques de campana y descargas de pólvora, la llegada del 2011. Es una época en  que esperamos de los demás manifestaciones de buena voluntad. Los que atesoran el significado de la Navidad, en hermoso esfuerzo por estrechar el puente entre ricos y a pobres, dan más de lo que acostumbran, pero lamentablemente nunca esto es suficiente para reducir la brecha. De ahí que no sean pocos los que ven pasar estos días con indiferencia, preguntándose tal vez cómo es posible que todavía el divino niño no haya logrado que los demás aprendan a querer al prójimo como a sí mismos.

El Nacional

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