Opinión

Voto preferencial

Voto preferencial

Nada más irresponsable que abordar un problema de forma oblicua. Simular que se combate al atacar sus laterales, a sabiendas que se rehúye su parte frontal por temor, cobardía o ineptitud. Eso está sucediendo con el voto preferencial. Se pretende hacerlo desaparecer, atribuyéndole culpabilidades ajenas por carecerse del coraje para combatir las causas esenciales. Los problemas que se suscitan en su implementación deben subsanarse a partir de la ampliación del sistema, jamás eliminándolo.

 Este tema fue uno de los principales en el simulacro de selección que se hizo para integrar la JCE. Desde allí se hizo evidente que sus defensores escaseaban y que primaba la intención de darle un zarpazo en la primera oportunidad. Dicho y hecho, apenas estrenado, el nuevo organismo ha sometido un proyecto de ley mediante el cual se sustituye el voto preferencial.

 Como era previsible, dado el ambiente que se había propiciado, voces importantes se han levantado para solidarizarse con la iniciativa, bajo el argumento de que el “bendito” voto preferencial es el causante de la feroz competencia que se produce a lo interno de los partidos políticos por la nominación a un puesto electivo y luego para la obtención de la victoria.

 Quienes se identifican con el intento de excluir el voto preferencial, alegan que en la sórdida lucha que genera, sólo tienen posibilidades de salir airosos quienes dispongan de sumas fabulosas de dinero para invertirlas en lo que no es más que una burda y descarada compra-venta de votos, no de conciencia, porque no se comercializa con lo inexistente.

 De eliminarse el voto preferencial, se retornaría al sistema de  listas cerradas, estructuradas por las cúpulas de los partidos políticos, lo cual, como se sabe, se lleva a cabo en un escenario desprovisto del menor sentido democrático. La consecuencia más funesta que ocasionaría la desaparición de esta forma de selección de funcionarios electivos sería despojar a los ciudadanos del derecho de apoyar a los candidatos de su preferencia por encima de las imposiciones de los partidos políticos, lo cual constituye un cercenamiento de la libertad individual.

Es innegable que la forma limitada y condicionada en que en la actualidad opera el voto preferencial distorsiona su finalidad y propicia situaciones injustas y poco democráticas, pero la solución de eso es perfeccionar el sistema para hacerlo más eficiente, al tiempo de crear un clima de competencia electoral equitativo y de igualdad de oportunidades, como analizaremos el martes.

El Nacional

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