El país sabe que Hipólito Mejía juega limpio a la política, que es incapaz de montar un fraude. Cuando cometió el error de intentar reelegirse pudo, pese a la crisis económica, mantenerse en el poder haciendo las cosas que le aconsejaron estrategas nacionales e internacionales, algunos de los cuales hoy están en su contra. Cuando le fueron a vender la cadena para un fraude que le reportaría más de 250 mil votos, según sus promotores, se negó, aunque ingenuamente permitió que el PLD la comprara.
Cuando un famoso periodista se le acercó para encargarme de Leonel, por cuatro millones de pesos mensuales, dijo que no. Cuando imprimieron un millón de ejemplares de un álbum de la corrupción en contra de Leonel Fernández, hubo que quemarlo porque lo consideró infamante. Ganó fama de tacaño por no dilapidar el dinero del presupuesto nacional. Prohibió que las canastas navideñas del gobierno llevaran frutas de la época como manzanas y uvas porque su hijo, Ramón Hipólito, era el principal importador. Cuando se dio cuenta de que las canastas eran un gran negocio, las prohibió.
Durante el gobierno de Hipólito hubo corrupción -¡claro que sí!- pero él no la apadrinó ni la protegió. Al contrario, se convirtió en muro de contención. Muchas veces lo vi enfurecido defendiendo el dinero del erario, muchas veces lo escuché decir: No, no se puede. Muchas veces lo escuché decir frente a un rumor de corrupción: Si esa vaina es verdad que pague las consecuencia, que lo metan preso. (Estoy seguro que esa actitud recta y responsable, es la causa de que muchos ex funcionarios de su gobierno no lo quieran otra vez de presidente de la República).
Hipólito no quiere a nadie a su lado por dinero. El que quiera dinero sabe donde debe ir, ha dicho más de una vez.
Con esa visión, y esa actitud, decente y honesta, es que Hipólito quiere ganar la convención del PRD.
Hipólito está pensando en la historia. Su corriente se llama Proyecto República Dominicana. (PRD). Es decir, partido-país. Hipólito busca ganar limpiamente la convención. No hará trampas, como no las hizo antes. Pero tampoco permitirá que otro la haga. Quiere una convención libre y ordenada. Pero los adversarios, al parecer, no quieren lo mismo

