Opinión

Zelaya: el converso

Zelaya: el converso

En la actividad política, como en cualquier otra, las reglas de juego son impuestas por los grandes intereses; generalmente resguardados por expertos en el manejo de las veleidades y traiciones que prohíjan la ambición y la temeridad en corporaciones con perfiles mafiosos. En el “capitalismo salvaje» con sus variables según el país y las utilidades, las reglas no pueden ser violadas sin el riesgo que la acción implica.

De tan socorridas, las expresiones: “Negocios son negocios” y  “La mafia no perdona” para el pueblo llano han perdido su verdadero y temible sentido, pues sólo las usa a título enunciativo, sin reparar en las advertencias y consecuencias que envuelven.

El cumplimiento de lo pactado es capital para el “mundo de los intereses”; no importa si el mundo es bajo o alto, o si se trata de acuerdo político u otros negocios. De ahí, la resistencia del Imperio y los poderes fácticos a que con sutiles artimañas, el converso Manuel Zelaya, creara las condiciones para que la izquierda chavista continuara en el Poder, después de su mandato, obtenido con más del 50% del electorado derechista de Honduras.

La actitud de Zelaya no fue correcta; y, en cambio, constituye un golpe bajo a la derecha imperial, que desdice mucho de la causa latinoamericanista liderada por Chávez con la bendición de Fidel Castro y el concurso solidario, y radical, si es preciso, de Ortega, Correa y Morales; y la tímida colaboración de Lula, Tabaré, Kirchner y Bachelet, potenciales reservas del Imperio cuando la correlación de fuerzas lo exija.

Si se parte de esa premisa, la reacción de la diestra hondureña no sólo es legal y legítima, como se ha alegado; sino que también tendría que ser justa, hasta para los sectores más liberales, siempre y cuando no estén comprometidos con el plan de la corriente chavista, a la cual se adhirió Zelaya, acicateado por las mieles del “carguito”, sin reparar en las consecuencias de sus pasos díscolos, en tanto ambiciosos.

Se alega que el propósito de Zelaya era un simple sondeo para conocer si los hondureños estarían en ánimo de reformar la constitución mediante una Constituyente; que no había ningún otro interés en lo personal, ya que él no podía presentarse a las elecciones de noviembre. Sin embargo, su misión para la causa chavista era despejar el camino a la reelección que prohíbe la actual Carta Sustantiva de Honduras. Lo de él vendría después…

El Nacional

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