Doña Francisca es ya muy mayor y tiene que andar muy despacio. ¡Claro, ya tiene 90 años!
En el barrio todos la llaman Frambuesa, y eso la hace sonreír siempre… y cuando sonríe, se le elevan tanto las mejillas que casi no se le ven los ojos.
Una mañana, Frambuesa volvía del mercado con un cesto de mimbre en la mano y un paraguas en la otra.
¡Qué día más horrible¡, pensaba la ancianita, cuando una ráfaga de aire hizo volar su paraguas.
Mientras Frambuesa trataba de recuperarlo, se abrió la cesta y todas las naranjas comenzaron a rodar por el suelo.
En ese momento pasaban por el lugar Paco y sus amiguitos.
Los muchachos estallaron en carcajadas al ver lo que le estaba pasando a la pobre ancianita.
¿Qué crees que hizo Paco? Lo fulminó con su mirada, cruzó la calle y recuperó el paraguas de la anciana.
Luego recogió las naranjas y las echó en el cesto de la viejecita.
_¡Gracias, pequeño!
_Le dijo la anciana.
_Ha sido un placer, señora.
_Todo el mundo me llama Frambuesa.
Tú también puedes hacerlo _dijo la anciana soriendo.
Paco se despidió de ella y volvió a la esquina donde se habían quedado sus amigos.
Juan le preguntó:
_¿Qué te ha dado a cambio?
_Algo mejor de lo que piensas…
_¿Qué te ha dado? _preguntó Marcos.
_Simplemente una hermosa sonrisa. _Contestó Paco.

