Había una vez una señora que estaba muy triste porque no tenía hijos. Un día, en el corazón de una flor, descubrió a una niña muy pequeñita, a la que decidió llamar pulgarcita.
Una noche se acercó un gran sapo y, al ver dormida a Pulgarcita, prendado de su belleza, decidió llevársela.
-Será una buena esposa para mi hijo, pensó.
Se la llevó al estanque y la depositó en la hoja de loto. Por la mañana, cuando Pulgarcita despertó y se dio cuenta de donde estaba, comenzó a llorar.
Los peces del estanque decidieron salvarla. Una mariposa remolcó la hoja hasta la orilla. Un abejorro la llevó a un prado. Pulgarcita pasó todo el verano alimentándose con flores. Pero el verano no dura para siempre
Cuando llegó el invierno, Pulgarcita pasaba mucho frío y hambre. Sólo tenía una hoja para cubrirse, hasta que un día pasó por allí un ratón y se la llevó a su casa.
Pulgarcita hacía todo lo posible por ayudar en la cocina y en el aseo de la casa.
Un día, fueron a visitar a su amigo el topo. Por el camino, encontraron una golondrina, que estaba herida.
_Hay que curarla _dijo Pulgarcita.
Extendió una manta sobre el pajarito, que estaba medio muerto de frío, hasta que el corazón de la golondrina empezó a latir de nuevo.
A fuerza de tantos cuidados, la golondrina se recuperó muy pronto. Cuando llegó la primavera, el pajarito se fue volando hacia el cielo azul.
La vida de Pulgarcita volvió a ser muy triste.
Un día, el señor topo decidió casarse con ella. Pulgarcita salió a la superficie de la tierra para despedirse del sol y de las flores.
En el cielo estaba volando su amiga la golondrina, que le gritó: _¡Ven conmigo, te llevaré al país del sol!
Pulgarcita aceptó contenta. En ese país encontró un hermoso duendecillo que le pidió matrimonio.
Se casaron y fueron felices para siempre.
Invitamos
Semana invita a los escritores de literatura infantil a que aprovechen este espacio a fin de que contribuyamos a incentivar el hábito de lectura en los niños. Las colaboraciones deben ser acorde con el espacio disponible.
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