El niño transformado
Alberto era un niño malcriado y desobediente con sus padres y profesores. Los padres lo castigaban encerrándolo en su cuarto y quitándole su nintendo, pero de nada le servía, pues seguía igual. En el colegio molestaba a sus compañeros y era llevado a la dirección.
Un día se escapó del cuarto por una escalera que había al lado de la ventana y se fue a la casa de un amigo, quien al saber que había salido sin permiso le acompañó a su casa.
En el trayecto se quedaron un rato en el parque y después unos pandilleros los montaron en motocicletas y los llevaron a su guarida.
Alberto les dijo malas palabras y los pandilleros los metieron en un cuarto sucio.
Los niños lloraban y Alberto lamentaba haberse escapado de su casa. Los pandilleros se compadecieron y les dejaron escapar.
Alberto y su amigo corrieron a un colmado, donde compraron una botellita de agua para apagar su sed. Su amigo lo dejó frente a su casa.
Cuando entró a su casa, su madre, que acababa de llegar del trabajo, le dijo que sería la última vez que saliera sin su permiso y le dio un correazo. La mamá lo mandó a su habitación, donde lloró mucho.
Se puso a pensar en su mal comportamiento y empezó a cambiar. A partir de entonces sus padres y profesores se sintieron orgullosos de Alberto.
(José Arturo Guzmán, 11 años)

