ORLANDO. AFP. Ahora que las cosas comienzan a marchar para los Orlando Magic, Dwight Howard sonríe y asegura que los dos partidos en que fue anulado por Los Angeles Lakers le enseñaron que jugar básquetbol en una final de la NBA es algo más que volar alto para clavar el balón.
Teníamos que ganar porque era el primer juego en casa de una final en largo tiempo, y queríamos darle esa alegría a los aficionados», sostuvo.
«Sabía que en estos playoffs todo el mundo iba a tratar de llevarme a la línea (de tiros libres), por eso estuve practicando al menos 300 tiros en los entrenamientos, y creo que esa es una razón de haber mejorado mi efectividad», aseguró.
El ‘Supermán’ de Orlando se vio limitado en su juego interior durante los dos primeros partidos en el Staples Center de Los Angeles, pero supo callar sus frustraciones y aportar al equipo en frentes tan importantes como el rebote y la defensa.
«Creo que el área donde más he mejorado mi juego es mentalmente. En años anteriores no me llegaba la bola con frecuencia y eso me frustraba, y limitaba mi juego, pero he aprendido que jugar baloncesto es también rebotear, pasar, bloquear tiros», añadió Howard.
Con 120 kilos de puro músculo y 2,11 m de estatura, Howard se creía una fuerza casi incontenible bajo el aro, y ello se lo confirmaban las 51 volcadas que había conseguido en playoffs de la NBA.
«Tengo que mejorar mucho, aprender más, porque sé que no voy a estar 20 años jugando.

