¿Qué Pasa?

12 Years a Slave

12 Years a Slave

POR:  Anthony Perez Diaz

Anthony2x2@hotmail.com

Imagine que usted se acuesta un día y cuando amanece despierta en otro lugar, encadenado, en un calabozo de una ciudad ajena, y sin ninguna posibilidad de escape. ¿Verdad que es sencillamente aterrorizante la simple idea de semejante pesadilla?
Es a ese sentimiento de pavor al que apela el director británico Steve McQueen al trasladar a imágenes la desgarradora historia de Solomon Northup, un negro culto y libre residente en New York, en 1841, que víctima de un engaño fue secuestrado, torturado y vendido como esclavo en las plantaciones de algodón del sur de Estados Unidos.
Basada en el relato autobiográfico publicado por Northup en 1853, ’12 Years a Slave’ es una radiografía cruda y detallada de uno de los capítulos más oscuros y abominables de la sociedad norteamericana en casi dos siglos de historia.

La historia tiene lugar unos 20 años antes de la Guerra Civil Norteamericana, y aunque la contextualización de la misma por momentos se pierde o no es muy precisa, el relato es tan poderoso y la maldad tan abundante que uno, aunque rechaza todo aquello, no puede sino caer rendido ante tan apabullante realismo y crueldad.

Apoyado en unas cautivantes y admirables caracterizaciones –la expresión facial del actor ChiwetelEjioforen el papel central de Platt Hamilton es un manojo de emociones e ira contenida, por ejemplo– y en un preciso y meticuloso guion del áfrico-americano John Ridley, el director McQueen construye un film con una textura visual profunda y opresiva.

La suya no es una visión blanda o placentera de la vida de los esclavos o de los rutinarios vejámenes y abusos a los que estos eran sometidos. Tómese como ejemplo el conmovedor e inmisericorde castigo al que es sometida la joven esclava Patsey –violada por su amo Epps (Michael Fassbender) cada vez que se le antojaba– por haberse alejado de la plantación sin autorización.

No menos deshumanizante, en un sentido que apunta hacia ambas direcciones, es la secuencia en la que Platt, después de haber sido golpeado hasta la inconsciencia, es dejado colgado, con el lazo al cuello y con sus pies apenas rozando la tierra, haciendo malabares para que la fuerza de su cuerpo no haga que quede allí tendido de una vez por todas.
Todo el sadismo y la maldad del film de las cuales hace buen uso la esposa de Epps, por cierto, (breve pero notable actuación de Sarah Paulson), quedan gráfica y magistralmente definidos allí. Las vívidas imágenes que recogen los extensos y amplios planos de esta secuencia, en los que se ve el discurrir de la cotidianidad mientras Platt a duras penas intenta sobrevivir, hablan con una elocuencia sobrecogedora. Llega un momento en el que hasta duele seguir mirando aquello.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación