Opinión

17 Y 14

17 Y 14

“Tú no tiene mony, tu no tiene mony, tu no tiene mony.  Tengo siete loca, metía en la piscina, seis me echan agua y una se da vida.  Me quita la  camisa, me lambe la cabeza, ¡Oh my god, me encanta esa vaina”! 

“Una era mujer de un guachimán, le aplicó la segunda, le aplicó la tercera, el marío, el guachimán, se volvió un asesino.  ¡Púyala! ¡Púyala! ¡Púyala! ¡Púyala!”

La “lírica” de esta “pieza musical” se puede escuchar en la 89.3, la estación de salsa, donde un locutor que se autodenomina “el ajicito” por “el gusto que da”, responde con lascivia las llamadas, aunque es evidente, por las voces, que muchos requerimientos vienen de niñas o niños….”Dime mami qué es lo que tú quieres… Lo que tu quieras se te complace”, eso en una estación que todos los y las amantes de la salsa escuchamos.  No  de la salsa que es un llamado al asesinato, a la violación, a las malquerencias, sino de las salsas de Rubén Blades, Lavoe, Willie Colón, Gilberto Santa Rosa, ejemplos de ritmo y letras.

Para vergüenza del sexo femenino, la locutora hace un despliegue del  mismo lenguaje insinuante y soez…”Dime papi, lo que tu quieras papi, claro mi amol, y tú déjate de vainas (al Ajicito) que tú pasate por aquí primero… la primera que te arregló fui yo…

En ausencia de una comisión que monitoree los contenidos de las canciones, los raperos son osados, ya “venirse, culo”, etc. etc. no son palabras prohibidas en la radio, al igual que los gritos y quejas que supuestamente acompañan el acto sexual y que imagino propias de orangutanes.

Es el reino de la vulgaridad, la lascivia barata, el supuesto erotismo desenfrenado, la violencias verbal y la violencia física, porque ¡púyala, púyala, púyala!, puede referirse al coito, pero también puede referirse al cuchillo con que el adolescente de 17 años puya a una jovencita de catorce y la mata.

¿Nos horrorizan las imágenes de una madre llorando sobre el rostro de su niña?

¿Cuándo adoptaremos los versos de Julia de Burgos:”Yo iré entre ellas (madres que han perdido sus hijos e hijas) con la tea en la mano”?

Lo mismo se aplica a los programas de televisión, donde profesores llevan a los niños y niñas, sin permiso del Ministerio de Educación.  Las colas de niños y niñas, sentados en los programas del canal que queda frente al Parque Independencia  son enormes y es preciso mirar sus caritas cuando llevan el ritmo con que un bachatero, o merenguero indecente pretende animarles.

Decía el poeta Cesar Vallejo que hay golpes en la vida tan fuertes  como de la ira de Dios. El problema es que esos golpes siguen afectando la inocencia y no hay rayo que mal parta los canales de radio y televisión  que incentivan lo peor del ser humano.  

El Nacional

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