El 2009 arriba esta media anoche al presente de la historia envuelto en manto gris de sombríos presagios, como mensajero que trae malas nuevas, aunque, en verdad, ese heraldo del tiempo viene a ofrecer su extendido calendario como lanza contra molinos de vientos.
Tan lúgubres han sido los agüeros del nuevo año que, visto a la distancia de horas, se avizora como espectro con capucha, que porta la guadaña de la muerte, pudiendo ser en realidad un emisario de esperanza que trae la hoz del cosechador que convoca al trabajo creativo e intenso como garantía de prosperidad.
Injusto sería endilgar al naciente ciclo fatalidades de su predecesor, como también fue maldita la heredad de 2008, pues la más devastadora crisis financiera mundial de los últimos 60 años se desató en Wall Street, a finales de agosto de 2007.
Bajo la premisa de que es imposible morir en la víspera, los dominicanos deberían recibir el 2009 con cánticos de optimismo y esperanza, para lo cual es imprescindible despojarse de coraza de incredulidad y pesimismo con la que a lo largo de su accidentada historia, ha podido sobrevivir a huestes de algún Atila o falso Solón.
Para una nación, familia o individualidad, el secreto para alcanzar el triunfo está en no amedrentarse ante la adversidad y convertir tiempo, sacrificio, trabajo y unidad en intrépidos soldados de la causa del progreso y la justicia social.
El repique de las 12 campanadas, esta medianoche, será clarinada a buenos y verdaderos dominicanos para reemprender en nombre de Dios la cruzada contra toda forma de miseria e injusticia, económica social y espiritual. ¡Feliz Año Nuevo!
Mea culpa
El presidente Leonel Fernández ha hecho un Mea Culpa al reconocer que el indulto que confirió a un grupo de convictos por crímenes o delitos económicos ha enojado, disgustado o decepcionado a amplios sectores de la sociedad.
Las razones humanitarias y cristianas que llevaron al Presidente a tomar tan polémica decisión parecen atendibles, máxime si se admite que con ese indulto, el mandatario no violó la Constitución ni ninguna ley adjetiva.
Y como se trata de razones humanitarias y cristianas, de ellas también debían beneficiarse centenares de presos enfermos que se pudren en cárceles dominicanas.
Para medirnos a todos con la misma vara.

