Este «Año de la Transparencia» será recordado como aquél en que los corruptos inmediatamente enseñaron el refajo, con él a rastras se los llevaron directos pa’ Najayo. En la medida en que hemos entrado de modo rutilante en el «Año de la Transparencia» hasta los ríos más ferozmente castigados de polución querrán ponerse al día con la nueva realidad mediática.
Ya se nota, desde la viscosidad y la turbiedad habituales, un afloramiento de lo nítido y lo brillante.
El país va a ser envidiado por tan notorio cambio en todo lo que se hará de ahora en adelante.
Con inusitada elegancia, habrá un guante de seda en cada ejecutoria envuelto en un garfio irresistible para aquellos que olviden sus promesas de no robar más de la cuenta. (Ahora bien, si, como se estila, roban y reparten, es posible que tengan algún tipo de concesión, por ejemplo un manso y olvidado retiro dorado con una villa campestre con todas las fragancias del momento: parábolas, masajistas, consejeros, analistas políticos. Puede suceder que incluso un fino puesto en las Naciones Unidas, de esos que te convierten en invulnerable -véase el caso de Tony Blair en la England neblinosa de Serlock Holmes tras arrodillársele al «guerrero» y pequeño emperador mediocre del Norte) surja para salvar el pellejo de los más encumbrados y cubrirles del miedo a la ira del pueblo.
Ira que, por cierto, se acumula, se espesa y presiona el conflicto, tanto que ha habido mucha suerte del no estallido de una segunda poblada.
Todo lo que se realice, hasta el último centavo, manejado se va a consignar en cifras inmejorables, a la vista de todos con manos limpias, sin vendas ni escamoteos innecesarios.
Sin ver para los lados oscuros de la envidia y el resentimiento cada acción a emprender será de una indoblegable ejemplaridad.
Los países nórdicos, que consignan la fama de tener los gobiernos más claros en todas y cada una de sus ejecutorias en medios donde hay una cultura que resiste ese estilo, enviarán emisarios a observar el cambio espectacular que tendrán los acontecimientos. Una fiscalización inmarcesible se ocupará de castigar incluso las más leves tentaciones de cohecho y cualquier amago de tomarse lo ajeno, lo del pueblo, que ha sido una constante aquí, sin excepciones, se verá castigada de tal modo que difícilmente se podrá repetir.
Nada de vacas sagradas, nada de dejar hacer, dejar pasar, ningún borrón y cuenta nueva salvará a los delincuentes de cuello blanco, enlodados de pronto, de recibir las sanciones de esa justicia ejemplarizadora y ciega como un muro ciego.
Como van la cosas ya no se va a necesitar ningún órgano-pantalla para que dé cuenta de lo que hace algún departamento de ningún ministerio.
No habrá ministerio con misterio.
Se hará historia de ahora en adelante y a partir de medidas implacables que recordarán la directa del general Buceta, oficial español que fue el terror de los criollos en los días de la Restauración de la República.
Los que están bebiendo champaña en el lujoso restaurante que todos sabemos ya se hallan, calladamente, dando cuenta de sus desproporcionados e ilegales ingresos, sus coimas y sus nuevos hábitos abyectos frente a un pueblo golpeado por aumentos inclementes (pues el Fondo Monetario Internacional no aprende de sus errores y recomienda lo irresistible y lo impracticable y le dice al pueblo entero que se tire al mar, cuando lo que está pensando es otra cosa).
Los que se hallan pagando hasta tres veces lo que cuesta un muy buen vino en los restaurantes de primera de Santiago y la costa Norte ya, se supone, se encuentran en estos momentos dando cuenta de sus hechos delictuosos ante un fiscal especial en este glorioso Año de la Transparencia.
También es posible que no hayamos despertado y que todo este elocuente muestrario de ilusorias imágenes de la baba impecable no sea más que un efímero y placentero sueño con final de suspenso para fines de enema con anestesia local.
Un apunte
Corrupción
En una ocasión, el entonces candidato a la presidencia, doctor Leonel Fernández, denunció que la corrupción en el país le quitaba al Estado alrededor de 30 mil millones de pesos cada año. Después de dos períodos de gobierno las denuncias persisten.

