El debate sobre el 4% para la educación se ha venido intensificando como resultado del conocimiento del Presupuesto Nacional para el 2011. Lo lamentable es que aquellos que propugnan el 4% han degenerado este tema tan importante, y hasta existencial de la nación diría yo, en un tristemente célebre slogan político.
Es fundamental, por pura lógica argumentativa, que el que desea debatir sobre la asignación presupuestaria para la educación lo primero que debe tener en la mano es el proyecto de Presupuesto, y no un paraguas como se rumora por ahí. Si va a debatir algo del Presupuesto, conózcalo primero.
De la lectura de ese Presupuesto se percatará que para cumplir la meta del 4% deberá destinar casi un cuarto de todos los ingresos (incluyendo préstamos) solo a la educación. ¿Donde está la propuesta Presupuestaria de los que ensalzan el 4% con los debidos recortes y reasignaciones de partidas, para poder destinar ese dinero a la Educación? Ah! ahí es donde la puerca retuerce el rabo.
Cuando no están repitiendo ad nauseum 4% para educación!, los que proponen esa inversión la emprenden contra otras partidas presupuestarias sin poner criterio detrás de lo que dicen. Una de las víctimas comunes suele ser el metro de Santo Domingo, que si aún fuera detenido hoy para reasignarle todo el dinero a Educación, la inversión no excedería el 2% del PIB.
Otro que viene aguantando las embestidas de los insufribles del 4% es el Censo Nacional, por su costo ascendente a los mil millones de pesos. Que en realidad es una miseria al lado de los $85 mil millones que solo en este año costaría el 4% de Educación, y que a razón de 10 años podría alcanzar la impresionante suma del billón de pesos, así con b, o más o menos 3 veces el Presupuesto solo de este año.
Lo que sí me provoca mucha gracia es cuando los mismos que protestan por el 4% son los primeros en oponerse a más préstamos y más impuestos, en una actitud deshonesta que pretende desconocer que lo que piden por un lado, lo critican por el otro. En efecto un 4% en Educación puede requerir un incremento de 20% en la tasa actual del Impuesto Sobre la Renta y hasta un 25% del ITBIS. No quiero el 4% porque no quiero pagar más impuestos, y de paso, tampoco quiero quebrar toda la economía nacional.
La turba del 4% se haría un enorme favor si se empieza a enfocar en aspectos más sensatos que eventualmente sirvan para pavimentar la ruta a una inversión sostenida en educación que incluso exceda el bendito 4%. Les ofrezco tres puntos fundamentales para alcanzar su meta:
La primera es reclamar la colocación efectiva de los pocos recursos que actualmente se invierten; la segunda es pedir la reducción sensata y a mediano plazo de los gastos del Estado (subsidios, entidades con funciones duplicadas, empresas quebradas, etc.), y por último hacer más atractiva la inversión para el sector privado como ha ocurrido en la salud y las ARS.
Repetir 4% para educación hasta el cansancio no va a hacer que el dinero mágicamente llueva en nuestras manos, ni va a hacer que de repente la educación dominicana mejore, que supongo yo es la meta de los que se viven llorando el tema.
Antes de pedir hay que saber de dónde va a salir y qué se va a hacer con él, lastimosamente, ustedes empezaron al revés.

