Opinión

50 años del Loyola

50 años del Loyola

A los jesuitas

 Antonio Altamira,

Victor Hernández

y Benito Blanco,

in memoriam.

Recientemente, el Colegio Loyola conmemoró 50 años de haberse establecido en el país, especialmente en la ciudad de Santo Domingo. Tan significativa ocasión, me ha permitido recordar lo que fueron mis años en el Intermedio y en la Secundaria.

Fue en septiembre de 1978, cuando pisé por primera vez el Loyola.  Había venido de Santiago a vivir en Santo Domingo, debido a que mi padre, Salvador Jorge Blanco, había sido electo senador, y toda la familia nos trasladamos a la ciudad capital. Vivíamos en casa de mi tía, Alina Mera, y todos los días me recogía mi primo Alfonso, hijo de mis tíos Isa y Sebastián Mera. El director del colegio lo era el padre Marcelino García, S.J.

Desde entonces, estuve seis años hasta la graduación como bachiller en 1984.  Durante esa época, el colegio era solo para hombres, y el uniforme era camisa y pantalón “kaki”.  Fueron seis años intensos, junto a valiosos compañeros que hoy se destacan en sus distintos quehaceres en el país y en el exterior.  Disciplina,  educación y servicio, constituyen los ejes  de la formación en el Loyola.

En 1983, asumió la dirección el padre Victor Hernández, S.J. quien en 1988, fue sucedido por el padre Nelson García, S.J. En 1995, fue designado director el padre Benito Blanco, S.J. Desde el año 2003, el director es el padre Pedro Francisco Lluberes, S.J. A todos ellos, incluyendo a profesores y orientadores,  mi gratitud.

Hace 50 años, el Loyola estuvo presente en el renacer de la sociedad luego de la caída de la tiranía. 50 años después, es una institución que aporta al bien común. En palabras de San Ignacio del Loyola, “entramos para aprender, salimos para servir”.

El Nacional

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