Cuando Bronia Krause abrió las puertas de su casa, mostró su temperamento optimista, alegre, encantador.
Una mujer diminuta, que su corazón hace inmensa. Pero también la emisaria del más hermoso de los mensajes: el perdón.
Bronia es una sobreviviente de los campos de concentración Nazi de la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de haber vivido uno de los episodios discriminatorios más vergonzosos de la humanidad, es fiel creyente del ser humano, perdonó, pero no olvidó, y dice que en su naturaleza no está el vivir enojada, porque prefiere buscar la paz.
Cómo se logra vivir sin rencores y con alegría, después de pasar por esa pesadilla, le preguntamos.
“He sido muy alegre toda mi vida, ese es mi carácter, no podía sentir mucho, ni darme cuenta porque era una niña, pero cuando fuimos perseguidos simplemente por ser judíos, solo por la raza, fue un horrible sentimiento”, contestó.
Relata que tanto ella como su familia fueron encerrados en lo denominados Getthos, que eran distritos cerrados donde los alemanes forzaron a vivir a los judíos en condiciones miserables. Fueron creados con ese objetivo unos 400 Getthos.
“Viviamos en muy malas condiciones, pero yo no pensaba, nunca sentí odio, toda mi familia murió en el Gettho, después de la guerra solo quedó vivo un primo, y si me preguntas cómo sobreviví, te diría que no sé”.
Bronia tenía 15 años cuando vio morir a su madre de desnutrición y tuberculosis, sin que recibiera sepultura, recuerda cómo tomaban a los judíos y les arrancaban uno por uno los pelos de la barba, y no olvida cómo amontonaban los cuerpos sobre la basura.
Reitera que perdonó, pero no olvidó, y explica que cuando era joven tenía buena familia religiosa, en la que todos eran muy generosos y para ella eso es la vida.
“Si se puede hacer algo por la gente, no se puede pensar que algo peligroso te v a pasar. A pesar de que he sido perseguida no puedo cargarme de ira, debo continuar la vida, la vida continúa, cuando caminas día a día debes tener esperanza”.
Ana Frank lo perdió todo en un instante
Bronia estaba en el mismo campo de concentración de la niña judía que plasmó su historia en un diario que hoy día es un betseller.
Annelies Marie Frank, conocida por su libro “El diario de Ana Frank”, murió el 15 de marzo del 1945, justo un año después de que fueran liberados los judíos.
“Estábamos en el mismo campo de concentración cuando estábamos en Auschwitz, éramos de la misma edad, la diferencia es que ella estaba en un refugio en su casa, en toda la guerra estuvo con su familia”, detalló.
“Es posible que ella no haya sobrevivido porque pensó que toda su familia había muerto. Ella lo perdió todo en un instante”.
El diario íntimo de Ana Frank dejó constancia de los casi dos años y medio que pasó ocultándose de los nazis con su familia y cuatro personas más, en Amsterdan, durante la Segunda Guerra Mundial.
Bronia después de la liberación
Bronia Krause cuenta que luego de liberada el 15 de abril del 1945, fueron llevados a otro campo donde los rescataron y luego varias instituciones de ayuda a judíos los distribuyeron.
A través de una lista las demás personas podían ver quiénes de sus amigos o familiares habían sobrevivido.
Luego de un tiempo muchos de ellos salieron de Alemania, dando prioridad en esto a los más jóvenes, pero ella no pudo ir porque estaba enferma.
Fue cuando encontró a su primo que en ese entonces cocinaba para los americanos y éste se la llevó.
En ese tiempo conoció a su esposo, estaría ella por cumplir los 18 años. Muchas cosas siguieron pasando mientras se estabilizaba su vida: trabajó mucho, recibió apoyo de mucha gente, fue a la escuela y tiempo después, se casó.
Vino a República Dominicana en los años 70, en 1984 ella y su esposo, dedicados al negocio de la exportación de frutas, compraron aquí un apartamento.
Antes de venir al país residieron un tiempo en Puerto Rico, donde cuenta que recibieron rechazo de algunas personas y decidieron entonces residir aquí.
Concluye confesando que ella y su esposo, a pesar de haber vivido ambos experiencias en los campos de concentración, nunca criaron a sus hijos contándoles estas historias negativas. “Solo les contamos después de grandes, y cuando ellos preguntan, para no llenarlos de odio”.
Recuerda que uno de sus hijos le preguntó una vez qué haría si tuviera de frente a Hitler, y ella le respondió “no lo mataría, lo dejaría que pague por sus crímenes, pero nunca lo mataría”.
Bronia fue galardonada recientemente en los premios Minerva, por su mensaje inspirador y por ser fiel creyente del ser humano.
Buena anécdota
Un día un vecino alemán tocó las puertas de su casa y le dijo que necesitaba hacer una traducción, ella le invitó a pasar, y a pesar de que le comentó que su padre fue un nazi, le ofreció café y le hizo la traducción.
Días después el hombre volvió por otra traducción y con la misma amabilidad lo atendió, a pesar de la protesta de una prima que le cuestionó que cómo le abrió sus puertas la segunda vez, sabiendo quién era. Le contestó que ella había perdonado, pero no olvidado.
UN APUNTE
En montaje teatral
Bronia Krause tendrá una participación especial en “Ana Frank, El Diario”, montaje del actor, director y dramaturgo Antonio Melenciano, donde contará su experiencia y manifiesta su entusiasmo de colaborar a que se mantenga la memoria colectiva viva para que el hombre no repita pasos en la historia.
EL DATO
Recordando a Ana Frank
Otto Frank, padre de Ana Frank, fue el único de los escondidos que sobrevivió a los campos de concentración.
Cuando regresó a Ámsterdam, Miep Gies, una de las personas que les había ayudado durante su estancia en el anexo, le entregó el diario contenido en cinco libros y un cúmulo de hojas sueltas que su hija había escrito mientras estaban escondidos. En 1947 según el deseo de Ana, su padre decide publicar el diario y, desde entonces, se ha convertido en uno de los libros más leídos en todo el mundo.


