Opinión

A batazos limpios

A batazos limpios

Una vez más Donald Trump ha embestido a los dominicanos, al mencionar a todos los peloteros que acaban de ingresar al Pabellón de la Fama de Cooperstown, por nombre y apellido y agregar “y un dominicano”.

Aunque dicen que su tirria contra nosotros se debe a que “fue estafado por Cap Cana en una transacción inmobiliaria”, algo que dudamos dada su fama de ventajista en el mundo de los negocios, ello no justifica que haya obviado el nombre de Vladimir Guerrero, aunque sea porque este se llama precisamente Vladimir, como su actual dolor de cabeza y cachanchán Vladimir Putin.

Y, la ofensa es mayor porque por más de quince años los peloteros dominicanos han dominado los reportajes de las revistas especializadas y prensa deportiva norteamericana, liderados por los legendarios Juan Marichal y Pedro Martínez.

Desde los noventa, Vladimir Guerrero, Many Ramírez, Miguel Tejada, Sammy Sosa, David Ortiz, Alex Rodríguez, Albert Pujols, Adrián Beltre y Alfonso Soriano, se han colocado anualmente dentro de los 20 mejores jugadores de béisbol, creándole a la Republica Dominicana fama de ser una “fabrica” de buenos peloteros.

Peloteros y galanes. El bello Alex Rodríguez se distingue además de su elegancia por sus acompañantes, entre ellas su compañera Jennifer López. Alex; el pobre Sammy Sosa, quien después de su rol en una película de vampiros no ha logrado superar la verde palidez y sus falsos ojos azules; y Manny Ramírez, no han ingresado al Salón de la Fama por su supuesto uso de esteroides, a pesar de que superaron por mucho la marca de los 500 cuadrangulares (Sammy llegó a los 600). Una pena nacional que pudieron habernos ahorrado si hubieran confiado en sí mismos y no se hubieran intoxicado con las trampas de la fama made in USA.

Quien siempre se vaticinó como seguro candidato a Cooperstown fue Vladimir Guerrero, quien supera a Jim Rice, otrora galardonado, casi por un centenar de jonrones (449 a 382), aunque en toda justicia los cronistas deportivos señalan que el seleccionado debió ser David Ortiz, quien le ganó a Boston la Serie Mundial no una sino tres veces.

Los medios de comunicación de USA no han pasado por alto el aparente desliz de Trump, calificándolo como otra muestra del racismo de que ha hecho gala desde que llego a la presidencia.

Tampoco la intelectualidad norteamericana, la cual respondió a su solicitud de préstamo de un cuadro de Van Gogh para sus “habitaciones”, con la contraoferta de un inodoro de oro sólido, precisamente de un artista ruso.

Que se haya olvidado del nombre de Vladimir, nos honra, y con cada batazo, o a batazos limpios, en cada juego, se lo recordaremos.

 

El Nacional

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