Muchos comentarios generó el calificativo burro, pronunciado por Vicente Fox el pasado día 12 contra el presidente constitucional de Venezuela, Hugo Chávez. Más importante que la manifiesta insolencia del ultraderechista ex presidente de México, es, sin embargo, la evidencia de que el conservadurismo latinoamericano entiende que, al salir de la Casa Blanca George W. Bush y sus principales colaboradores y al abandonar sus estratégicos puestos Condoleezza Rice y Dick Cheney, ese sector deberá mantener la cohesión defendiendo el libre comercio y dando apoyo a la ultraderecha del sur del continente.
No es casual que al calificativo zoológico contra Chávez, Fox añadiera una andanada de despectivos contra Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa. Sencillamente, rechaza el cambio político y la emancipación en América Latina. Quiere una América Latina a los pies del poder imperialista, como él siempre ha estado.
No puede haber otro motivo, puesto que no desconoce el ex presidente lo que ocurre en Colombia. No estaba en otro planeta cuando decenas de colaboradores del presidente Álvaro Uribe Vélez fueron a parar a la cárcel acusados de haber colaborado con los grupos paramilitares, responsables de cientos de masacres.
Mucho menos se puede pensar que desconoce Fox lo que ocurre en su propio país, en México, donde la represión y la corrupción de organismos oficiales han creado un clima favorable para el crimen organizado. Es preciso recordar que el grupo denominado Los Zetas, fue entrenado por asesores yanquis para combatir al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y hoy es un brazo armado del narcotráfico.
En México se dio un golpe a la institucionalidad en el año 2005 con la evidente la manipulación de los resultados electorales para impedir que llegara al poder el grupo de centroizquierda que tenía como candidato a Andrés Manuel López Obrador. La ultraderecha representada por el Partido Acción Nacional, PAN, heredó del Partido Revolucionario Institucional, PRI, una especie de maquinaria de fraude que no ha dejado de funcionar.
Todavía hay quien cae en el pasado, aquel pasado del socialismo, del comunismo, con la idea de que la economía de mercado no va a resolver el problema de la pobreza, dice Vicente Fox.
Él está seguro de que lo resolverá, pero no se atreve a decir cuándo. En el año 1990, 842 millones padecían desnutrición en el mundo, mientras que después de las reformas de la década pasada y del afianzamiento de la apertura comercial en la presente década, en el año 2008 hay 963 millones de personas que padecen desnutrición. Por otra parte, en los últimos 20 años el índice de precios de los alimentos de consumo masivo se ha duplicado.
De espaldas a todo eso y con el discurso de la ultraderecha asumido sin crítica alguna, Fox anuncia la apertura de un centro de estudios en su casa de campo en San Cristóbal, Guanajuato, para defender la economía de mercado y la democracia de esa corriente preocupante que ha resurgido en América Latina.
Es la iniciativa de un lacayo.
Mientras tanto, una integrante del grupo de los halcones, Condoleezza Rice, secretaria de Estado, encabezó el pasado miércoles en Panamá una reunión de la mal llamada plataforma Caminos hacia la Prosperidad en las Américas, un engendro que reúne a Canadá, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú y República Dominicana en santa alianza por el libre comercio.
Fox desde su posición hace una solicitud, y los halcones, desde la suya, tratan de imponer al presidente electo de Estados Unidos Barack Obama una política de impulso a los tratados de libre comercio impuestos ante la imposibilidad de articular el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA.
No hay duda de que los sectores ultraconservadores pretenden continuar imponiendo su estilo para el manejo de la crisis. Obama no ha propuesto cambios sustanciales, pero la ultraderecha manipula incluso los cambios cosméticos.
Fox llama burro a Hugo Chávez, pero es a él y no el presidente de Venezuela quien carga con la abominable misión de defender lo indefendible. Para no caer en delito de prensa, mejor no señalar el asno.

