Opinión

¡A matar delincuentes!

¡A matar delincuentes!

El grito levantado por un segmento importante de la población contra la delincuencia llegó hasta la honorable Cámara de Diputados, donde tres de ellos lo reprodujeron cual Tarzán en sus mejores tiempos allá en la selva africana.

Si hubiese tenido el honor de ser diputado, me sumaría a las voces que claman “darle pá’bajo” a los delincuentes. Pero eso sí, a todos, sin discriminación, igual al ladrón del huevo como al que hurtó la gallina.

Porque, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, no hay diferencias al momento de definir la delincuencia, no importa la vestimenta que lleve el individuo.

Pero dado que desde el Congreso no es mucha la fuerza moral que hay para hacer calificativos, no hubo eco entre los sectores sensatos de la sociedad, sino entre unos pocos asqueados por la podredumbre.

La delincuencia tiene diversas manifestaciones, desde el que se roba un celular, una cartera, extorsiona, el que cobra sin trabajar en una entidad gubernamental hasta aquel que toma  dinero del erario para uso personal.

Otro escollo que encontramos para la aplicación de la sugerencia de  legisladores, es la selección del verdugo. ¿A quién corresponderá la tarea de apretar el gatillo? No creo que la Policía tenga la fuerza moral suficiente para encomendarle esa tarea.

Dado que los medios de comunicación están llenos de denuncias de complicidad policial con los ladrones y microtraficantes de los barrios, a los que no solo cobran peaje sino que les advierten sobre redadas, y hasta les informan quiénes se querellan contra ellos.

Después que toda la sociedad esté debidamente clarificada en torno al alcance de la expresión “delincuencia”, nada más faltaría establecer el orden en el que comencemos  a “darles pa’bajo” a los facinerosos.

Sugiero comenzar por los de cuello blanco, de modo que los recursos recuperados en tan digna tarea se usen en la compra de equipos y armas para enfrentar a los más beligerantes. ¡Pa’bajo! A todos, pero a todos, como dijo la monja del famoso cuento.

El Nacional

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