Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Cuando el doctor Leonel Fernández retornó al poder en 2004, encontró una economía de rodillas, con las cuentas nacionales en rojo, pérdida de la riqueza nacional superior a un 20 por ciento del PIB y  el servicio de la deuda externa en estado de cesación de pagos (Default). La tarea de sus dos gobiernos se centró en recuperar la estabilidad  económica y retornar al crecimiento económico.

El Presidente cumplió con esos objetivos, tanto así que el PIB creció de 21 mil millones de dólares en 2004 a más de 56 mil millones, en 2012,  y los indicadores económicos básicos, antes en bandolera,  recuperaron su relativo  sosiego, como el  tipo de cambio, tasas de interés, índice de inflación y reservas netas del Banco Central.

Esas estadísticas serían mucho mejores, a no ser por el tremendo impacto de la crisis financiera mundial que afloró en 2008 y que todavía persiste, con efectos perturbadores sobre los precios del petróleo y de materias primas de origen agropecuario.

Leonel descenderá el 16 de agosto las escalinatas del Palacio Nacional con la satisfacción del deber cumplido, toda vez que, en términos macro, la economía dominicana mantuvo durante  su mandato una tasa de crecimiento superior al 7% del PIB y que  modernizo las estructuras jurídicas y políticas del Estado, dotado hoy de una Constitución de última generación.

Al presidente electo, Danilo Medina, le corresponderá a partir del 16 de agosto realizar una gestión de tanta o mayor trascendencia que  la realizada por su antecesor, pues tiene el compromiso de  mantener y consolidar la estabilidad económica y el crecimiento del PIB, pero también, y a mi juicio, lo más trascendente, repartir sabiamente los peces y los panes.

La economía dominicana ha tomado una no deseada desviación hacia la concentración de capital y riqueza, aunque el gobierno del doctor Fernandez, como ningún otro impulso programas sociales   de transferencias  presupuestaria  para  asistir a millones de dominicanos  que malviven al otro lado de la verja de miseria.

Danilo ha prometido impulsar el circulante y la inversión pública en la planta baja de la sociedad y  en  el imprescindible sector de la clase media, a través  de la democratización del crédito y de la aplicación de programas para  incrementar la calidad de los servicios públicos, especialmente educación, salud, empleo y vivienda.

Si Danilo cumple, como estoy seguro que lo hará, le habrá conferido  a la mentada democracia la razón suprema de su existir, que sin duda  es la prevalencia de la justicia social, que se logra a través de una justa  redistribución del ingreso.

El Nacional

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