Dicen que cuando se muere un hombre bueno el cielo llora, pero las nubes no se desparraman con la noticia del fallecimiento de Freddy Beras Goico por temor a sucumbir ante a su proverbial alegría y porque ni toda las aguas del cielo alcanzan para anegar el inmenso jardín de amor, solidaridad, ternura y lucha que planto y cultivo durante su vida este artista sin par y patriota ejemplar.
Aunque su muerte a causa de un cáncer de páncreas era previsible, siempre me aferre a la esperanza de que ocurriera un milagro, porque es difícil aceptar la idea de que un ser como él se muere así por así, sin llegar a los 70 años y sin poder ver realizado su sueño de una nación bendecida por la justicia y equidad.
No hay que poner atención al proverbio aquel que del muerto todo menos lo malo, porque de Freddy todavía se puede disentir sin posibilidad de regatearle el hecho de que ha sido uno de los personajes mas relevantes, influyentes y admirados del último medio siglo de historia nacional y que su figura se asocia por siempre al talento, a la generosidad, a los principios éticos y al fervor dominicanista.
Una vez, hace muchos años, escribí una columna de confrontación con Freddy por una polémica que sostuvo con Pablo Milanés, a quien no conozco ni he tratado nunca, pero creí un deber defenderlo por razones ideológicas. Aunque nunca le conferí razón, confieso hoy que no debí pelear con un amigo que respondió mis regaños con un ramillete mayor de afectos.
La madrugada del jueves, cuando me preparaba para ir a trabajar, escuche a mi esposa sollozar. Por lo que pregunte: y ahora, que hice de malo? Fue entonces, cuando Iris me dio la mala nueva de que Freddy murió y pude comprender la magnitud de la tragedia, pues mi mujer estaba llorando por alguien que si haberlo tratado lo consideraba como un familiar cercano.
Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde y a partir de ahora todos sentiremos ese vacío tan profundo y angustiante que provoca la partida de un ser excepcional que ha estado vinculado a nuestras vidas desde casi siempre, que nos ha hecho reír, llorar, reflexionar, rabiar, pelear, amar, odiar. Freddy era un gran activo y motivo de orgullo para buenos y verdaderos dominicanos.
En una ocasión le pedí que cediera su espacio de un viernes en la noche para transmitir el Concurso Nacional de Lectura por Televisión y le dije que el Banco de Reservas compensaría las perdidas por publicidad dejada de pasar ese día, lo que acepto gentilmente y sugirió que cualquier compensación fuera hecha a la Fundación El Gordo de la Semana. Ese era Freddy.
Las puertas del cielo y de la gloria han de abrirse de par en par para recibir el alma de un hombre bueno, cuyo recuerdo se anidara por siempre en los corazones de todos nosotros y de un pueblo al que amo y defendió entrañablemente. Dios guarde a Freddy Beras Goico.

