Una amplia franja de la dirigencia partidaria vive del delirio político, de suplantar con sus deseos la realidad, de fijarse metas difíciles de realizar en tiempo o espacio convenido, porque confunden el ejercicio de la política con una apuesta de casino o confían ciegamente en ganarse la loto.
El tipo de dirigente delirante suele creer en sus fantasías y con solo movilizar un puñado de seguidores o promover alguna engañosa encuesta de preferencia electoral se consideran a un paso del Poder. No son locos, pero deliran despiertos.
Empresarios que incursionan en la política como pasatiempo o para agregar valor a sus negocios, están convencidos que el dinero lo puede todo y por eso acostumbran a comprar o alquilar lealtades por lotes, como si la sociedad fuera un mercado de pulgas.
La verdad es que la política es una ciencia y un arte, cuyo ejercicio obliga a combinar lógica con talento, sin olvidar que la realidad es un ente dinámico independiente a la voluntad de cualquier mortal y que para transformarla es menester conectarse con su dinámica y abordarla conforme a posibilidades reales.
El sector que controla la dirección del PRD incurre en un peligroso delirio o locura al advertir al Gobierno que la paciencia de los dominicanos tiene un límite y que su ira y desesperación se expande como pólvora en todo el país.
Esa temeraria amenaza estuvo precedida del respaldo público que ese grupo hegemónico del PRD concedió a una facción del Frente de Lucha Popular (Falpo) que anunció una serie de huelgas, paros y movilizaciones durante los días de ausencia del presidente Leonel Fernández.
Un partido grande, con vocación de poder, camina de cola detrás de un minúsculo segmento de la otra izquierda delirante, porque esa dirigencia hegemónica considera que están dadas las condiciones para que la pólvora de la desesperación y la ira estalle y se encienda la pradera social. Posiblemente, el jefe de ese sector delirante del PRD y sus asesores neoliberales estén entusiasmados con la idea de que aquí se reedite lo ocurrido en Egipto o en Túnez, donde dos dictadores, uno con 30 anos y el otro con 23, fueron obligados a renunciar por la movilización popular.
Esa gente olvida que el presidente Fernández es el jefe de Estado que mayor aporte ha hecho a la consolidación de la democracia política, pues ha impulsado las más importantes iniciativas de modernización del estado, incluso la promulgación de la nueva Constitución.
Aquí se moviliza mucha gente, pero en los carnavales y conciertos, porque la gente tiene vía de derecho expeditas para expresar sus inconformidades en un ambiente político y jurídico de absoluta libertad. Ojalá que ese delirio sea pasajero, pero, de todos modos, cada loco con su tema.

