Opinión

 A RAJATABLA

 A RAJATABLA

No conozco   a ninguna personalidad política  de América Latina, ni  aún a Fidel Castro, Salvador Allende,  Omar Torrijos, Hugo Chávez, ni Pepe Figueres, cuya impronta como jefe de Estado se convierta en mejor referente para República Dominicana que  la de Inacio Lula da Silva, el presidente  que  rescató de la pobreza a 40 millones de sus compatriotas y  convirtió a Brasil en la sexta potencia económica del mundo.

En su conferencia ante la Cámara Dominicana de la Construcción, Lula  se presentó como un maestro de escuela rural y nos ensenó el abecé del nuevo escenario. 

Resume  el éxito de sus ocho años de gobierno en políticas públicas alejadas de  extremismos y vinculadas  con la redistribución del ingreso, la diversificación de los mercados y la asimilación de tecnologías  disponibles en  el mundo, todo bajo la  dirección de un Estado y un gobierno  no intervencionista, pero si planificador.

Aunque aboga por no  gastar más de lo que ingresa, lo que equivale a  disminuir la influencia del financiamiento externo e interno,  aconseja no descuidar las inversiones en sectores productivos generadores de empleos y recordó que  el año pasado,  el PIB de Brasil  tuvo  crecimiento moderado, pero generó un millón 300 mil empleos.

Danilo Medina se ha fijado como meta rescatar a un millón 400 mil dominicanos  que malviven al otro lado de la verja de miseria, por lo que el éxito de Lula se erige como valioso  referente para el jefe de Estado dominicano, su gobierno y el sector productivo, al que  el  distinguido visitante aconseja  un comportamiento socialmente responsable, que no es lo mismo que  simplemente generar plusvalía.

Mi generación  siente gran respeto por  los  patriotas y mártires que lucharon contra las tiranías de Trujillo, Somoza, Batista y Pérez Jiménez,  así como,  las dictaduras militares  que desangraron el Cono Sur en la década de los 60 y 70, pero hoy los mejores  aportes a los anhelos de redención de América Latina los ofrecen Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Dilma Roussef, quienes cobijan su acción política en la enorme sombrilla que ha abierto  la exitosa gestión de Lula da Silva.

Centroamérica  y el Caribe ya no son escenarios físicos de la guerra fría, Suramérica no es hoy cuna de dictaduras militares ni de regímenes  corruptos, por lo que  la tarea del movimiento progresista es promover  equidad social, desarrollo sostenido,  diversidad de mercados, generación de empleos,  mayor inversión  en la educación, todo sobre la base de  absoluta independencia de los imperios.

Esa es la visión en teoría y práctica de Lula da Silva, el extraordinario estadista que nos confirió el honor de su visita y cuyos consejos  sobre  forma de manejar los efectos de la crisis, serán tomados muy en cuenta por el presidente Danilo Medina.

El Nacional

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